Una muchacha joven y un perro

La foto 'Joven mujer hermosa que lleva pañuelo de piel y un jersey blanco con un pequeño perro en el bosque en el.' puede ser utilizada para propósitos personales y comerciales, de acuerdo con las condiciones de la licencia sin royalties adquirida. La imagen es disponible para descarga en calidad de alta resolución hasta 3812x2912. TAMAULIPAS.-Una joven originaria de Tamaulipas, en México, vio a un animal herido y pensando que era un perro decidió ayudarlo. Pero se llevó una tremenda sorpresa cuando lo llevó a que lo ... Niña y perro follando. 🤐 [spoiler] 📹 [video] la pobre sólo imita lo que ve en televisión y en los anuncios. pero hacia tiempo q no veia una lolita como las de antes. Una joven originaria de Tamaulipas, en México, vio a un animal herido y pensando que era un perro decidió ayudarlo. Pero se llevó una tremenda sorpresa cuando lo llevó a que lo revisara un veterinario pues ahí recibió la impactante noticia de que era un coyote. La muchacha circulaba por la carretera cuando vio al animal con una pata ... La tuitera Laru Sanson vivió un momento difícil al hacerse una foto con un perro , Kenai. La joven de Tucumán quiso inmortalizarse junto a la mascota pero, como se pudo ver en su publicación ... Una joven fue víctima de un violento ataque por parte de su perro. La muchacha publicó las imágenes a través de su cuenta de Twitter y se volvió tendencia en la red social. Tal parece ser que ella intentaba hacer una sesión de fotos con su mascota pero esta terminó terriblemente mal. Pequeña muchacha rubia linda que juega en la nieve con un perro esquimal del perro Li Muchacha rubia en una calle nevada junto con un perro en un hermoso día soleado Retrato de la historieta de la acuarela de una muchacha rubia con su perro en un azul La muchacha rubia joven en un sombrero y una camisa de tela escocesa camina con un caballo y un perro en una granja en el pueblo Muchacha ... Una muchacha quiso poner a prueba el interés que tenían su perro y gato por ella.Por tal motivo, no tuvo mejor idea que pretender que se desmayaba, mientras grababa con una cámara el ... Chica cogida por un perro. Funny sunny. 1:16. brother and sister having fun.... Remit TV. 4:33. Mundo al Revés: Hombres y Mujeres. Enchufetv. 1:05. Madre pilla a hija con el novio haciendo el amor. Odai Abuayyash. 3:51. LAS MEJORES CAIDAS GRACIOSAS - VIDEOS DE RISA 2019 - CAIDAS CHISTOSAS - GOLPES GRACIOSOS (360p_30fps_H264-128kbit_AAC) Un video divulgado en TikTok se ha vuelto viral y ha sorprendido a gran cantidad de persona, pues muestra el momento exacto en que una joven le da unos pequeños golpes a su perro, mientras ...

Chacal - (Cuento)

2020.09.25 00:39 Virgilio9 Chacal - (Cuento)

La multitud se encontraba toda reunida en la plaza del pueblo. Todos murmuraban y la voz de él sobrepasaba por las demás. Alicia quien volvía de los deberes, supo de lo que se trataba de inmediato.
—Hijo de perra —soltó con furia y los pueblerinos voltearon ligeramente con la castaña.
Esta frunció el ceño y sujetó algo debajo de su camisa con fuerza, y se alejó de la gente. Cuando se escuchara el estruendo del arma, sería tiempo de moverse.
Miguel Venustiano era un asesino, un bastardo corpulento. Era un ejecutor el cual los locales lo miraban con respeto y sentían una especie de sumisión que los hacían tratarlo con benevolencia. Este no era el caso de Alicia claramente. Ella solo sentía desprecio a su persona, cosa que comentaba a sus más cercanos. Su madre se preocupaba por ello en muchas instancias y temía que algo le sucediese si seguía. Siempre se lo recordaba cada que salía de casa con esa mirada seria suya.
Todos en el pueblo sin excepción alguna, habían mirado como aquel tipo mataba a los hombres en la calle como si fuesen poco más que perros. Los hincaba amenazándoles empuñado su revólver contra sus frentes, a la par de que la multitud veía. Luego apretaba el gatillo y las aves volaban alejándose de los postes, la sangre corría por el camino empedrado y el silencio de muerte se propagaba ante la fatalidad.
Él se ponía en el centro y observaba a la multitud con seriedad uno a uno, veía el desviar y bajar de sus miradas temerosas, y oía algunas oraciones regadas junto al llorar de la viuda si es que se encontraba presente. Enfundaba su arma, bajaba su sombrero y después se alejaba de ahí dejando aquel muerto como si no fuera nada. Pronto terminaría en el bar más cercano, bebiendo con exuberancia e invitando tragos. También coqueteaba con las mujeres que había en el lugar. La mayoría le hacía caso algo que no se entendía del todo. La gente decía que era por el revólver, o con amenazas de por medio, pero igual, no era el caso con certeza.
Una vez se le vio cortejando a la viuda de un tipo que había ejecutado esa misma tarde. Se rumorea por los rincones y esquinas del pueblo que la mujer haya sido un tipo de cómplice en la muerte de su esposo el señor Orozco. No se supo más, ya que al día siguiente ella se fue a quien sabe donde.
Algo turbio habrá sucedido ahí. Algo malo debió de haber hecho Miguel.
Por donde lo viera Alicia, aquel era un ser asqueroso y pecador. Un borracho y drogadicto con un pasatiempo por quitar vidas y causar desgracias, sea con balas o navajas. Estaba harta y en más de una ocasión había fantaseado cómo ella misma le cortaba el cuello o le volaba la tapa de los sesos.
No existiera tal problema si hubiera una autoridad que le frenara. Alguien que le pusiera alto a las atrocidades deliberadas de aquel hombre, pero no había nadie. Los pueblerinos optaban por rezar y palidecer ante su presencia, a observar el arma con temor e inclinarse pidiéndole a una fuerza superior que detuviera las desgracias.
Cuando se escuchó el estruendo, la castaña miró hacia arriba. La parvada volaba alejándose en el cielo azul despejado. Volvió su mirada hacia al frente y corrió a la taberna que acostumbraba el chacal. Al entrar la encontró desierta, era temprano todavía. Camino por las tablas viejas de madera e hizo un ademán al barman canoso y él correspondió junto a un joven que barría. Ella se sentó en la barra y el de mayor edad se acercó a tomar su pedido.
—Una cerveza —pidió Alicia volteando brevemente hacia la entrada.
—Disculpe, ¿qué edad tiene? —pregunto el barman con voz calmada y ella lo miro de frente.
—Los suficientes —mintió seria e indiferente.
El canoso le creyó y fue a traerle la cerveza. Ella pago una vez que se la dio y sus ojos volvieron a la entrada del lugar. Pronto Miguel pasaría por debajo del marco de la puerta. Alicia volvió al frente y metió su mano por debajo de su camisa. Nunca había estado tan decidida en su vida.
Miguel terminó por tomarse un par de minutos más. Ella lo vio de reojo desde que entró, y el se dirigió a una pequeña mesa redonda en una de las esquinas, cerca de la salida.
—¡Muero de sed! ¡Un tarro por favor! —exclamó exhausto y se sentó haciendo un leve escándalo.
El se quitó el sombrero y lo puso en la mesa. Desabotonó un poco su camisa, se estiró y dirigió su mirada a la barra de madera polvorienta, y se centro en la espalda de Alicia. Le brillaron los ojos por un instante y se quedó observándola un rato. Se rascó su áspera barba y su mirada terminó en el joven mesero que ponía la bebida en la mesa.
—Increíble el clima, ¿no crees Raúl? —preguntó Miguel y tomó el tarro.
—Es muy agradable —soltó el jovencito.
—Claro que lo es. Arrímate una silla quieres. Bebe algo conmigo, no hay mucho que hacer en este pueblo como de costumbre.
Raúl sonrió y volteó a ver al hombre canoso de detrás de la barra. Este soltó un suspiro y asintió con la cabeza, dando por hecho de que todo era un número habitual.
—Ve por tu bebida y tráeme una a mí que está ya casi se me acaba —dijo aunque no había dado ni un sorbo a su tarro.
Aquel asintió y fue a la barra. Miguel agarro el tarro y bebió hasta que la cerveza se le acabo. Eructo y limpió su boca con el dorso de su mano, luego volvió su vista a la barra y se encontró con la mirada de la castaña.
El le sonrió y Alicia regresa al frente. Las náuseas se le vinieron y apretó de lo que guardaba en su pantalón.
No era el momento, tal vez en un rato más. Cuando la tarde ascienda y los cerros empiecen a oscurecer. Cuando la plaza y la fuente de piedra, yazcan ante la temprana luz de la luna y las estrellas. Sería sumamente lo adecuado, pero la paciencia de Alicia pende de un hilo, y entre más espera, más recuerda.
No hacía mucho había encontrado a su vecina, Constancia, en lágrimas arrastrando el cuerpo de su marido por las escaleras de la entrada de su casa.
"—¡Necesito un doctor! —le pidió entre sollozos —Le dispararon, mira... —dijo y señaló el hoyo que traía en la nuca el difunto —¡Ayúdame por favor! No sé qué hacer, ¡ayúdame! —pidió y comenzó a limpiarse las lágrimas que traía en el rostro."
Alicia se quedó atónita y las miradas se asomaban desde las ventanas. La gente paraba su andar y se acercaban preocupadas y curiosas.
"—¡Ayúdenme alguien por favor! —suplico y empezó a llorar aún más —Mis hijos llegarán dentro de poco. ¡No pueden verlo así se los pido! ¡Necesita un doctor! —gritó y abrazó el cadáver —¡Por favor, alguien! —exclamó con dolor y el llanto terminó de ganarle.”
Por fin soltó el cuerpo y lloró ante la imposibilidad de un arreglo. Ante la irremediable verdad de que para la muerte no hay solución.
Desde ese momento Constancia no volvió a ser la misma por supuesto, y un día abandonó el pueblo junto a sus niños. Los sollozos todavía se escuchan cada vez que Alicia abre la puerta de su casa y voltea a las escaleras de la casa continua.
Ella conocía de vista a la familia. Por lo que veía eran amables y trabajadores, con hijos poco problemáticos.
Nadie pidió justicia por lo acontecido, así como por los demás muertos. La gente se quedaba con los brazos cruzados y solo compadecían a las familias sufridas. Se sepultaba el cuerpo y todo volvía a la cotidianidad mientras el verdugo seguía paseándose entre la gente con altanería.
“Hijo de puta” pensó y las carcajadas del chacal la hicieron volver a la realidad. Reía con el joven mientras le daba un largo trago a su bebida, y en seguida sacaba de hierba de un contenedor y se enrolaba un frajo. Dio un par de caladas y sus ojos no tardaron en ponérseles rojos como un diablo, sus risas se hicieron más sonoras, y el rencor en ella aumentaba.
Pronto volvería a buscar del mango del cuchillo de cocina que traía bajo su camisa.
A fuera el atardecer yace en los tejados de las casas. Los niños vuelven a sus casas después de haber jugado con sus amigos todo el día. Las madres preparan la comida, se cierran las tiendas y la gente lentamente regresa a sus hogares.
Los bares no tienden a hacer eso en estas horas. Ellos no duermen, ni su gente. Solo beben o piensan en silencio. Deciden y fantasean con la mirada perdida en la nada.
—Raúl, ¿quien es la hermosa muchacha de la barra? —preguntó sonriente.
—No lo sé, nunca la había visto.
—Me atrae su aspecto, pero sus miradas no —soltó y río un poco, se cruzó de brazos y luego comentó con cierta fascinación —Me encanta su cabello.
—Es muy lindo —comentó aquel mirándola.
—Tranquilo muchacho que es mía —dijo y sonrió —Tú no te preocupes, ya tendrás alguna después, y debes de saber que a una mujer se le debe amar con intensidad cuando se tiene la oportunidad.
—¿Ha amado a muchas?
Miguel y Raúl voltearon hacia atrás. Alicia lo observaba desde la barra con aquella mirada suya, con su seriedad hostil. Inevitablemente había escuchado la platica.
Él le sonrió.
—Solo a las que me lo han permitido —dijo y agregó —¿No te gustaría un trago linda? —pregunto pero ella no respondió.
Lo ignoró y volvió al frente, tomó de un sorbo de su cerveza. Las advertencias de su madre fueron reproducidas en su mente.
—Igual es tímida, igual le mate a alguien —dijo serio y dio un gran sorbo a su bebida —Sabes Raúl, he pensado en irme de este pueblo. Las cosas no son como lo eran antes, y sé que nunca lo serán.
El joven Raúl lo miró con cierta tristeza y no dijo nada. Miguel por otra parte, se veía nostálgico, tenía los ojos brillantes y cristalinos debido al alcohol.
—¿Por qué la cara tan larga? —soltó y dejó el tarro en la mesa al ver a chico desanimado —Bebé un poco, no te preocupes de nada. Tu aún eres joven, te falto mucho por vivir, deja las tristezas para la gente vieja. Al igual que la muñeca de la barra —dijo y sonrió —Dime muñeca, ¿a caso te mate a alguien? —preguntó dirigiéndose a ella y se levantó de la silla tambaleándose un poco —¿O solo ves mal a la gente preciosa?
—No creo que...
—Espérame aquí —dijo el interrumpiéndole y camino hasta llegar a la barra.
Alicia sintió el olor a alcohol y yesca que traía a sus alrededores Miguel. Ella apretó el puño con fuerza, trato de ignóralo, y él se acercó a donde yacía ella.
—A ti también te falta vivir.
—Miguel —habló el canoso acercándose —No creo que debas...
—Tranquilo viejo, solo le comento algo —le responde sin mirarlo —Dime niña, ¿te gustaría vivir un poco?
"Vivir... " se dijo Alicia, y volvió a ver la muerte ante sus ojos. Vio a la sangre en la silla y al viejo desparramado en el suelo. Vio la hierba en la casa, y a su padre moribundo, presionando la herida en su estómago, tratando de que la sangre no se le saliese.
Ella se quedó quieta al verlo en ese entonces, y aunque esté con dificultad le hablara, ella ni siquiera podía responderle. Estaba congelada con el escenario, con el olor de la sangre, viendo a la muerte. No hizo nada, era una niña después de todo. Podría haber pedido ayuda, claro, pero ya era tarde. Él había dejado de respirar y ella no podía dejar llorar.
—Veo que no hay educación aquí —dijo él y se alejó un poco, vio al barman y continuó —Supongo que solo hay gente que... —se detuvo y sintió la punzada abriendo paso por su estómago, el sabor metálico llegó a su boca, volvió al frente y la sangre empezó esparcirse en su camisa. La vio a ella mirándolo llena de cólera.
Le había clavado el cuchillo, se lo retorció dentro de sus entrañas y se acercó para que él cuchillo de cocina arribara tan hondo como se pudiera.
—Muere hijo de perra —le murmuró con odio.
Intento sacarle el cuchillo pero el la detuvo mientras gritaba con dolor. La apartó empujándola con fuerza y cayó al suelo sin el cuchillo. Miguel trato de quedarse de pie, de apoyarse en alguno de los bancos, pero falló y terminó por caer. Acabo sentado, con la espalda contra la barra adolorido y sangrante. Enseguida buscó sacar su revólver, pero este había desaparecido.
Cuando volteó con ella, la encontró levantada con el arma entre las manos. Le apuntaba muy quieta y tranquila. Lo veía con seriedad.
Apretó del gatillo, el se sacudió abruptamente por el impacto y luego se quedó quieto. Acertó en la cabeza.
El silencio se propagó y él yacía muerto. La castaña observó los alrededores, el barman estaba escondido tras la barra, Raúl estaba en una de las esquinas, temblando y mirando el arma, congelado por completo.
Alicia lo miro a él, se acercó un poco y el joven sintió terror. Se cubrió la cara casi instintivas, y ella sin siquiera parpadear apretó nuevamente del gatillo. La sangre quedó salpicada entre el piso y la pared. El jovencito se retorció un poco en el suelo y gimoteó. La castaña dio un par de pasos y lo remató en el suelo.
—Dios mío... —se escuchó detrás de ella.
Alicia volteó hacia la barra. El barman veía la escena con la mirada llorosa aún medio protegiéndose en el mueble.
Ella lo miro en silencio, se apartó del muerto y se acercó a Miguel. Esculco sus bolsillos, le sacó una buena cantidad de dinero, tomó la funda y le quitó una caja de balas. También le sacó el cuchillo y se guardó un contenedor de metal.
Cuando dejo el cuerpo, observo al canoso que acercaba al cuerpo del joven. Tenía una que otra lágrima pasando por su mejilla. Le cerró los párpados y sostuvo su mano levemente.
Ella miró la escena por unos segundos. No era que sintiera tristeza, no era que de repente se había arrepentido. Solo pensó fugazmente en el viejo, y en lo que acontecería.
Un cuarto disparo se escuchó y ella salió por la entrada en calma, mirando a los alrededores. Luego corrió y se abrió paso por el pueblo.
A fuera la luna brillaba y las casas estaban oscuras. No había muchas luces por esos rumbos y la gente ya estaba asomándose desde sus casas impulsadas por las detonaciones del arma.
Un par de personas arribaron al bar y vieron los cuerpos entre asustados e impresionados. La madre del muchacho llegaría en un rato a soltar la lágrima. La mayoría se centró en el cuerpo de Miguel Venustiano ensangrentado y tieso. Buscaron el revólver de inmediato cuando vieron de quien se trataba, pero, no estaba. La incertidumbre reino por unas semanas, luego volvieron a escuchar el detonar del arma, y la desgracia cayó al pueblo de nuevo.
S.C.R.
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2020.09.23 22:44 Virgilio9 Chacal - (Cuento)

La multitud se encontraba toda reunida en la plaza del pueblo. Todos murmuraban y la voz de él sobrepasaba por las demás. Alicia quien volvía de los deberes, supo de lo que se trataba de inmediato.
—Hijo de perra —soltó con furia y los pueblerinos voltearon ligeramente con la castaña.
Esta frunció el ceño y sujetó algo debajo de su camisa con fuerza, y se alejó de la gente. Cuando se escuchara el estruendo del arma, sería tiempo de moverse.
Miguel Venustiano era un asesino, un bastardo corpulento. Era un ejecutor el cual los locales lo miraban con respeto y sentían una especie de sumisión que los hacían tratarlo con benevolencia. Este no era el caso de Alicia claramente. Ella solo sentía desprecio a su persona, cosa que comentaba a sus más cercanos. Su madre se preocupaba por ello en muchas instancias y temía que algo le sucediese si seguía. Siempre se lo recordaba cada que salía de casa con esa mirada seria suya.
Todos en el pueblo sin excepción alguna, habían mirado como aquel tipo mataba a los hombres en la calle como si fuesen poco más que perros. Los hincaba amenazándoles empuñado su revólver contra sus frentes, a la par de que la multitud veía. Luego apretaba el gatillo y las aves volaban alejándose de los postes, la sangre corría por el camino empedrado y el silencio de muerte se propagaba ante la fatalidad.
Él se ponía en el centro y observaba a la multitud con seriedad uno a uno, veía el desviar y bajar de sus miradas temerosas, y oía algunas oraciones regadas junto al llorar de la viuda si es que se encontraba presente. Enfundaba su arma, bajaba su sombrero y después se alejaba de ahí dejando aquel muerto como si no fuera nada. Pronto terminaría en el bar más cercano, bebiendo con exuberancia e invitando tragos. También coqueteaba con las mujeres que había en el lugar. La mayoría le hacía caso algo que no se entendía del todo. La gente decía que era por el revólver, o con amenazas de por medio, pero igual, no era el caso con certeza.
Una vez se le vio cortejando a la viuda de un tipo que había ejecutado esa misma tarde. Se rumorea por los rincones y esquinas del pueblo que la mujer haya sido un tipo de cómplice en la muerte de su esposo el señor Orozco. No se supo más, ya que al día siguiente ella se fue a quien sabe donde.
Algo turbio habrá sucedido ahí. Algo malo debió de haber hecho Miguel.
Por donde lo viera Alicia, aquel era un ser asqueroso y pecador. Un borracho y drogadicto con un pasatiempo por quitar vidas y causar desgracias, sea con balas o navajas. Estaba harta y en más de una ocasión había fantaseado cómo ella misma le cortaba el cuello o le volaba la tapa de los sesos.
No existiera tal problema si hubiera una autoridad que le frenara. Alguien que le pusiera alto a las atrocidades deliberadas de aquel hombre, pero no había nadie. Los pueblerinos optaban por rezar y palidecer ante su presencia, a observar el arma con temor e inclinarse pidiéndole a una fuerza superior que detuviera las desgracias.
Cuando se escuchó el estruendo, la castaña miró hacia arriba. La parvada volaba alejándose en el cielo azul despejado. Volvió su mirada hacia al frente y corrió a la taberna que acostumbraba el chacal. Al entrar la encontró desierta, era temprano todavía. Camino por las tablas viejas de madera e hizo un ademán al barman canoso y él correspondió junto a un joven que barría. Ella se sentó en la barra y el de mayor edad se acercó a tomar su pedido.
—Una cerveza —pidió Alicia volteando brevemente hacia la entrada.
—Disculpe, ¿qué edad tiene? —pregunto el barman con voz calmada y ella lo miro de frente.
—Los suficientes —mintió seria e indiferente.
El canoso le creyó y fue a traerle la cerveza. Ella pago una vez que se la dio y sus ojos volvieron a la entrada del lugar. Pronto Miguel pasaría por debajo del marco de la puerta. Alicia volvió al frente y metió su mano por debajo de su camisa. Nunca había estado tan decidida en su vida.
Miguel terminó por tomarse un par de minutos más. Ella lo vio de reojo desde que entró, y el se dirigió a una pequeña mesa redonda en una de las esquinas, cerca de la salida.
—¡Muero de sed! ¡Un tarro por favor! —exclamó exhausto y se sentó haciendo un leve escándalo.
El se quitó el sombrero y lo puso en la mesa. Desabotonó un poco su camisa, se estiró y dirigió su mirada a la barra de madera polvorienta, y se centro en la espalda de Alicia. Le brillaron los ojos por un instante y se quedó observándola un rato. Se rascó su áspera barba y su mirada terminó en el joven mesero que ponía la bebida en la mesa.
—Increíble el clima, ¿no crees Raúl? —preguntó Miguel y tomó el tarro.
—Es muy agradable —soltó el jovencito.
—Claro que lo es. Arrímate una silla quieres. Bebe algo conmigo, no hay mucho que hacer en este pueblo como de costumbre.
Raúl sonrió y volteó a ver al hombre canoso de detrás de la barra. Este soltó un suspiro y asintió con la cabeza, dando por hecho de que todo era un número habitual.
—Ve por tu bebida y tráeme una a mí que está ya casi se me acaba —dijo aunque no había dado ni un sorbo a su tarro.
Aquel asintió y fue a la barra. Miguel agarro el tarro y bebió hasta que la cerveza se le acabo. Eructo y limpió su boca con el dorso de su mano, luego volvió su vista a la barra y se encontró con la mirada de la castaña.
El le sonrió y Alicia regresa al frente. Las náuseas se le vinieron y apretó de lo que guardaba en su pantalón.
No era el momento, tal vez en un rato más. Cuando la tarde ascienda y los cerros empiecen a oscurecer. Cuando la plaza y la fuente de piedra, yazcan ante la temprana luz de la luna y las estrellas. Sería sumamente lo adecuado, pero la paciencia de Alicia pende de un hilo, y entre más espera, más recuerda.
No hacía mucho había encontrado a su vecina, Constancia, en lágrimas arrastrando el cuerpo de su marido por las escaleras de la entrada de su casa.
"—¡Necesito un doctor! —le pidió entre sollozos —Le dispararon, mira... —dijo y señaló el hoyo que traía en la nuca el difunto —¡Ayúdame por favor! No sé qué hacer, ¡ayúdame! —pidió y comenzó a limpiarse las lágrimas que traía en el rostro."
Alicia se quedó atónita y las miradas se asomaban desde las ventanas. La gente paraba su andar y se acercaban preocupadas y curiosas.
"—¡Ayúdenme alguien por favor! —suplico y empezó a llorar aún más —Mis hijos llegarán dentro de poco. ¡No pueden verlo así se los pido! ¡Necesita un doctor! —gritó y abrazó el cadáver —¡Por favor, alguien! —exclamó con dolor y el llanto terminó de ganarle.”
Por fin soltó el cuerpo y lloró ante la imposibilidad de un arreglo. Ante la irremediable verdad de que para la muerte no hay solución.
Desde ese momento Constancia no volvió a ser la misma por supuesto, y un día abandonó el pueblo junto a sus niños. Los sollozos todavía se escuchan cada vez que Alicia abre la puerta de su casa y voltea a las escaleras de la casa continua.
Ella conocía de vista a la familia. Por lo que veía eran amables y trabajadores, con hijos poco problemáticos.
Nadie pidió justicia por lo acontecido, así como por los demás muertos. La gente se quedaba con los brazos cruzados y solo compadecían a las familias sufridas. Se sepultaba el cuerpo y todo volvía a la cotidianidad mientras el verdugo seguía paseándose entre la gente con altanería.
“Hijo de puta” pensó y las carcajadas del chacal la hicieron volver a la realidad. Reía con el joven mientras le daba un largo trago a su bebida, y en seguida sacaba de hierba de un contenedor y se enrolaba un frajo. Dio un par de caladas y sus ojos no tardaron en ponérseles rojos como un diablo, sus risas se hicieron más sonoras, y el rencor en ella aumentaba.
Pronto volvería a buscar del mango del cuchillo de cocina que traía bajo su camisa.
A fuera el atardecer yace en los tejados de las casas. Los niños vuelven a sus casas después de haber jugado con sus amigos todo el día. Las madres preparan la comida, se cierran las tiendas y la gente lentamente regresa a sus hogares.
Los bares no tienden a hacer eso en estas horas. Ellos no duermen, ni su gente. Solo beben o piensan en silencio. Deciden y fantasean con la mirada perdida en la nada.
—Raúl, ¿quien es la hermosa muchacha de la barra? —preguntó sonriente.
—No lo sé, nunca la había visto.
—Me atrae su aspecto, pero sus miradas no —soltó y río un poco, se cruzó de brazos y luego comentó con cierta fascinación —Me encanta su cabello.
—Es muy lindo —comentó aquel mirándola.
—Tranquilo muchacho que es mía —dijo y sonrió —Tú no te preocupes, ya tendrás alguna después, y debes de saber que a una mujer se le debe amar con intensidad cuando se tiene la oportunidad.
—¿Ha amado a muchas?
Miguel y Raúl voltearon hacia atrás. Alicia lo observaba desde la barra con aquella mirada suya, con su seriedad hostil. Inevitablemente había escuchado la platica.
Él le sonrió.
—Solo a las que me lo han permitido —dijo y agregó —¿No te gustaría un trago linda? —pregunto pero ella no respondió.
Lo ignoró y volvió al frente, tomó de un sorbo de su cerveza. Las advertencias de su madre fueron reproducidas en su mente.
—Igual es tímida, igual le mate a alguien —dijo serio y dio un gran sorbo a su bebida —Sabes Raúl, he pensado en irme de este pueblo. Las cosas no son como lo eran antes, y sé que nunca lo serán.
El joven Raúl lo miró con cierta tristeza y no dijo nada. Miguel por otra parte, se veía nostálgico, tenía los ojos brillantes y cristalinos debido al alcohol.
—¿Por qué la cara tan larga? —soltó y dejó el tarro en la mesa al ver a chico desanimado —Bebé un poco, no te preocupes de nada. Tu aún eres joven, te falto mucho por vivir, deja las tristezas para la gente vieja. Al igual que la muñeca de la barra —dijo y sonrió —Dime muñeca, ¿a caso te mate a alguien? —preguntó dirigiéndose a ella y se levantó de la silla tambaleándose un poco —¿O solo ves mal a la gente preciosa?
—No creo que...
—Espérame aquí —dijo el interrumpiéndole y camino hasta llegar a la barra.
Alicia sintió el olor a alcohol y yesca que traía a sus alrededores Miguel. Ella apretó el puño con fuerza, trato de ignóralo, y él se acercó a donde yacía ella.
—A ti también te falta vivir.
—Miguel —habló el canoso acercándose —No creo que debas...
—Tranquilo viejo, solo le comento algo —le responde sin mirarlo —Dime niña, ¿te gustaría vivir un poco?
"Vivir... " se dijo Alicia, y volvió a ver la muerte ante sus ojos. Vio a la sangre en la silla y al viejo desparramado en el suelo. Vio la hierba en la casa, y a su padre moribundo, presionando la herida en su estómago, tratando de que la sangre no se le saliese.
Ella se quedó quieta al verlo en ese entonces, y aunque esté con dificultad le hablara, ella ni siquiera podía responderle. Estaba congelada con el escenario, con el olor de la sangre, viendo a la muerte. No hizo nada, era una niña después de todo. Podría haber pedido ayuda, claro, pero ya era tarde. Él había dejado de respirar y ella no podía dejar llorar.
—Veo que no hay educación aquí —dijo él y se alejó un poco, vio al barman y continuó —Supongo que solo hay gente que... —se detuvo y sintió la punzada abriendo paso por su estómago, el sabor metálico llegó a su boca, volvió al frente y la sangre empezó esparcirse en su camisa. La vio a ella mirándolo llena de cólera.
Le había clavado el cuchillo, se lo retorció dentro de sus entrañas y se acercó para que él cuchillo de cocina arribara tan hondo como se pudiera.
—Muere hijo de perra —le murmuró con odio.
Intento sacarle el cuchillo pero el la detuvo mientras gritaba con dolor. La apartó empujándola con fuerza y cayó al suelo sin el cuchillo. Miguel trato de quedarse de pie, de apoyarse en alguno de los bancos, pero falló y terminó por caer. Acabo sentado, con la espalda contra la barra adolorido y sangrante. Enseguida buscó sacar su revólver, pero este había desaparecido.
Cuando volteó con ella, la encontró levantada con el arma entre las manos. Le apuntaba muy quieta y tranquila. Lo veía con seriedad.
Apretó del gatillo, el se sacudió abruptamente por el impacto y luego se quedó quieto. Acertó en la cabeza.
El silencio se propagó y él yacía muerto. La castaña observó los alrededores, el barman estaba escondido tras la barra, Raúl estaba en una de las esquinas, temblando y mirando el arma, congelado por completo.
Alicia lo miro a él, se acercó un poco y el joven sintió terror. Se cubrió la cara casi instintivas, y ella sin siquiera parpadear apretó nuevamente del gatillo. La sangre quedó salpicada entre el piso y la pared. El jovencito se retorció un poco en el suelo y gimoteó. La castaña dio un par de pasos y lo remató en el suelo.
—Dios mío... —se escuchó detrás de ella.
Alicia volteó hacia la barra. El barman veía la escena con la mirada llorosa aún medio protegiéndose en el mueble.
Ella lo miro en silencio, se apartó del muerto y se acercó a Miguel. Esculco sus bolsillos, le sacó una buena cantidad de dinero, tomó la funda y le quitó una caja de balas. También le sacó el cuchillo y se guardó un contenedor de metal.
Cuando dejo el cuerpo, observo al canoso que acercaba al cuerpo del joven. Tenía una que otra lágrima pasando por su mejilla. Le cerró los párpados y sostuvo su mano levemente.
Ella miró la escena por unos segundos. No era que sintiera tristeza, no era que de repente se había arrepentido. Solo pensó fugazmente en el viejo, y en lo que acontecería.
Un cuarto disparo se escuchó y ella salió por la entrada en calma, mirando a los alrededores. Luego corrió y se abrió paso por el pueblo.
A fuera la luna brillaba y las casas estaban oscuras. No había muchas luces por esos rumbos y la gente ya estaba asomándose desde sus casas impulsadas por las detonaciones del arma.
Un par de personas arribaron al bar y vieron los cuerpos entre asustados e impresionados. La madre del muchacho llegaría en un rato a soltar la lágrima. La mayoría se centró en el cuerpo de Miguel Venustiano ensangrentado y tieso. Buscaron el revólver de inmediato cuando vieron de quien se trataba, pero, no estaba. La incertidumbre reino por unas semanas, luego volvieron a escuchar el detonar del arma, y la desgracia cayó al pueblo de nuevo.
S.C.R.
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2019.05.22 23:09 kenwilde No se que ocurrió realmente. HISTORIA REAL

No se que ocurrió realmente. HISTORIA REAL
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Amigos, quiero contarles algo que me ha estado ocurriendo las ultimas semanas, sinceramente no quería hacerlo, pues no me gusta llamar la atención y toda esa paja. No obstante, es algo que me afecta y quiero saber sus opiniones. El caso es serio.. Bueno, hace poco hice un viaje junto a mi novia al estado Trujillo, específicamente a Mogoton, es una zona montañosa, muy alejada de las ciudades del estado. Allí estuve de visita con algunos familiares, a quienes no había visto en años, en lineas generales, la pase muy bien lejos de la crisis que se vive en la ciudad, ya que aquella zona es agrícola. En fin, sin dar mucho rodeo, nos quedamos a dormir en un cuarto que nos ofrecieron. La primera noche fue normal, pero a la tercera noche, mi compañera se despierta en agitada diciéndome que algo o alguien le pego en la cara, yo medio dormido le dije " debió ser una pesadilla" y volví a dormir. No tocamos mas el tema. En la cuarta noche, yo me sentí inquieto, o algo me inquietaba, no lo se, era posible que estuviera sufriendo de parálisis de sueño, un mal muy común en mi, así que me "despierto" (bueno eso creo, puede que aun estuviera dormido.) Entonces en medio de la oscuridad, frente a mi, pude ver una figura femenina, de quien, pienso era una niña o una mujer joven, de bajita estatura, delgada y vestida con una bata de dormir, quizás blanca o crema, no lo se estaba oscuro. Mi reacción fue de solo verla y no sentir nada, solo la mire y me derribe sobre la cama del sueño; Eran aproximadamente las 3 am. Después, no presté atención, todo normal, no comente nada a nadie de lo que soñé o creí ver; mi compañera tuvo que regresar a la ciudad y yo me quede unos días más. En la sexta noche, como a las 2 am, mientras estaba durmiendo (totalmente solo), sentí que algo se monto sobre la cama, lo tome normal, solo pensé que era mi pareja o mi gato, pero en seguida reaccione, me acordé, que yo estaba solo y ni siquiera durmiendo en mi casa, para asumir que era el gato. Entonces siento que alguien respiró sobre mi y mire de golpe, y fue cuando vi, apoyada sobre la cama a la misma figura de la muchacha, ella estaba cerca de mi!. Fue gracias a la luz de la luna, (la cual se nota muy bien debido a la altura y despejado del cielo en el cerro y se cuela por la ventana) que la pude detallar, era una mujer bajita, como de 1.50, cabello largo rubio o castaño claro, pero sin rostro. Apenas la vi, grite del susto. De verdad grite del pánico! (Las personas que me conocen saben que soy una especie de shaggy cuando se trata de sucesos paranormales jajaja ) en seguida, me lance de la cama y me levante a prender el bombillo, cuando enciendo la luz, no había nadie. El resto de la noche no dormí nada. Al día siguiente, no comente nada a mis tíos, para que no pensaran que yo estaba loco, (ellos son cristianos y no creen en nada de eso)
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Durante ese mismo día, me enferme, un malestar horrible, fiebre muy alta, vomito y escalofríos, me sentía fatal. Al llegar nuevamente la noche, yo seguía con fiebre alta, me había tomado cosas para bajarla y controlar el vomito, pero sin resultado, me levante en medio de la oscuridad a vomitar, salí al patio de la casa, en ese momento no pensé en nada mas, solo quería ir a vomitar y lo hice. Cuando termine y respiro, veo que todo a mi alrededor estaba muy oscuro, más de lo normal, (no se veían ni las estrellas) no escuchaba ni a los animales, lo cual era extraño porque todas las noches se escuchaba el ganado, (no podía ni verlos de lo oscuro y no se, si todo eran efectos de la fiebre). Entonces empece a escuchar un sonido muy raro entre los arboles, no estoy seguro, si se trataba de un depredador común o algún pájaro grande, era extraño el sonido, la piel se me erizo, entonces sin pensarlo dos veces me apresure a entrar a la casa y meterme en la cama. Cuando me acosté, los perros empezaron a ladrar, me dio miedo pues ellos, no habían ladrado en todas las noches que yo llevaba allí. El alboroto de los perros despertó a mis tíos, quienes salieron a ver, pero no vieron nada, no paso nada. Pasaron dos días más, me recupere del malestar y regrese a valencia. Ahora que estoy en mi casa, siento que algo ha viajado conmigo, claro no he vuelto a ver más a la chica, solo siento que alguien me mira mientras duermo, a veces que me respiran en la oreja de la misma forma que me ocurrió en Mogoton, otras noches se escucha el aleteo de un pájaro en el patio. No se, si es sugestión o paranoia. He hablado con personas cercanas, y me dicen que posiblemente sea un Demonio que se intereso en mi, pues según dicen ellos, en hogares cristianos siempre hay muchas potestades. Particularmente, yo no se que pensar, por eso lo publico y quiero saber que opinan ustedes. Debo jugar la Quija y ver ¿que pasa?, ¿ir a un santero o preguntarle a un pastor?.
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