Mujer atractiva ruso

Alepo: La primera victima de la guerra es la verdad

2016.12.22 03:49 migpodemos3c Alepo: La primera victima de la guerra es la verdad

Pocos textos tan lúcidos se pueden leer sobre la guerra de Siria como estos que reproduce Sin Permiso recientemente: http://www.sinpermiso.info/textos/hay-mas-de-una-verdad-que-contar-sobre-alepo Versiones diferentes pero lo que está claro es que lo que se juega en Siria es una guerra por recursos y poderes geopolíticos al precio de las víctimas de siempre.
Alepo: La primera victima de la guerra es la verdad ** Robert Fisk
Los políticos occidentales, los “expertos” y los periodistas se aprestan a reinicializar sus narrativas en los próximos días, ahora que el ejército de Bashar al-Assad’s ya ha recuperado el control del este de Alepo. Descubriremos si los 250.000 civiles “atrapados” en la ciudad de verdad eran tantos. Oiremos mucho más sobre por qué no fueron capaces de salir cuando el gobierno sirio y la fuerza aérea rusa comenzaron su feroz bombardeo de la parte oriental de la ciudad.
Y aprenderemos mucho más sobre los “rebeldes” a los que Occidente –EEUU, Gran Bretaña y nuestros amigos rebanacabezas en el Golfo— han venido dando apoyo. Estos incluyen a al-Qaeda (alias Jabhat al-Nusra, alias Jabhat Fateh al-Sham), la “gente” –como George W. Bush la llamaba– que cometió los crímenes contra la Humanidad en Nueva York, Washington y Pennsylvania el 11 de septiembre. ¿Se acuerdan de la Guerra contra el Terror? ¿Se acuerdan de la “maldad pura” de al-Qaeda? ¿Se acuerdan de todas las advertencias de nuestros amados servicios de inteligencia y seguridad en el Reino Unido sobre cómo podía llevar al-Qaeda el terror a Londres? ¿Se acuerdan?
No cuando los rebeldes, incluida al-Qaeda, defendían bravamente el este de Alepo; entonces, no. Porque se estaba tejiendo para nosotros una potente narrativa sobre heroísmo, democracia y sufrimiento, un cuento de buenos chicos contra malos chicos tan explosivo y falsario como las “armas de destrucción masiva”.
En los tiempos de Saddam Hussein –cuando unos pocos sosteníamos que la invasión ilegal de Irak llevaría a la catástrofe y a un indecible sufrimiento, y que Tony Blair y George Bush nos estaban llevando por el camino de la perdición—, se nos exigía siempre mostrar nuestra repugnancia por Saddam y su régimen. Teníamos que recordar constantemente a nuestros lectores que Saddam era uno de los Tres Pilares del Eje del Mal.
Pues aquí va de nuevo el mantra habitual, que tenemos que repetir ad nauseam para evitar el habitual correo cargado de odio y el oportuno maltrato acosador que se dispensará hoy a quienquiera se atreva a salirse de la endeble y mendaz versión autorizada de la tragedia siria:
Sí, Bashar al-Assad ha destruido brutalmente vastas zonas de sus ciudades en su batalla contra quienes quieren derrocar su régimen. Sí, este régimen tiene un sinnúmero de pecados en su haber: tortura, ejecuciones, cárceles secretas, asesinatos de civiles y –si incluimos a la milicia siria, teóricamente bajo control del régimen— una espeluznante versión de la limpieza étnica. Sí, debemos temer por las vidas de los valientes médicos del este de Alepo y de las personas que han estado bajo sus cuidados. Cualquiera que haya visto el pateo a que fue sometido el joven sacado de la fila de refugiados huyendo de Alepo la pasada semana por parte de los hombres del servicio de inteligencia del régimen debería temer por la suerte de todos aquellos a quienes no se permitió cruzar las líneas gubernamentales. Y se puede recordar que el sombrío informe de la ONU sobre los 82 civiles “masacrados” en sus hogares en las últimas 24 horas.
Pero llegó la hora de contar la otra verdad: que muchos “rebeldes” a quienes ha venido dando su apoyo Occidente –y a los que nuestra prepóstera Primera Ministra Theresa May bendijo indirectamente cuando se postró ante los rebanacabezas del Golfo la semana pasada— se cuentan entre los combatientes más crueles e implacables del Oriente Próximo. Y aun cuando hemos estado lloriqueando por los atrocidades del Estado Islámico durante el asedio de Mosul (un acontecimiento demasiado similar al de Alepo, aunque nadie lo diría leyendo las narrativas habituales), hemos ignorado a propósito el comportamiento de los rebeldes en Alepo.
Hace solo unas semanas, entrevisté a una de las primeras familias musulmanas escapadas del este de Alepo durante un alto el fuego. El padre acababa de recibir la noticia de que su hermano había sido ejecutado por los rebeldes a causa de que él había cruzado la línea de frente con su mujer y su hijo. Condenó a los rebeldes por cerrar las escuelas y colocar armamento cerca de los hospitales. Y no era un badaluque pro-régimen: incluso decía sentir cierta admiración por el buen comportamiento del Estado Islámico (EI) en los primeros días del asedio.
Por esos mismos días, los soldados sirios me confiaban en privado su convicción de que los norteamericanos dejarían que el EI saliera de Mosul para volver a atacar al régimen en Siria. Un general norteamericano llegó incluso a expresar su temor a que los milicianos chiitas iraquíes pudieran impedir al EI escapar hacia Siria a través de la frontera iraquí.
Bueno, pues es lo que pasó. En tres grandes columnas de camiones suicidas y miles de simpatizantes armados, el EI cruzó el desierto para pasar de Mosul en Iraq, y de Raqqa y Deir ez-Zour en la Siria oriental, al asedio, una vez más, de la hermosa ciudad de Palmira.
Resulta sumamente instructivo observar la cobertura periodística de esos dos sucesos paralelos. Casi todos los titulares de hoy hablan de la “caída” de Alepo en manos del ejército sirio, cuando lo natural habría sido hablar de su “reconquista” contra los rebeldes. En cambio, se dice que el EI ha “reconquistado” Palmira, cuando –dado su criminal comportamiento— lo que debería decirse es que la antigua ciudad romana había “caído” una vez más bajo la grotesca dominación del EI.
Las palabras cuentan. Porque estos son los hombres –nuestros “compis”, me figuro, si hay que atenerse a la narrativa yihadista habitual— que, tras la primera ocupación de la ciudad, cortaron la cabeza al académico de 82 años que trató de proteger los tesoros romanos, para volver a colocar luego sus gafas en la cabeza decapitada.
Según admiten ellos mismos, los rusos lanzaron 64 bombardeos aéreos contra los atacantes del EI en las afueras de Palmira. Pero dadas las enormes columnas de polvo levantadas por los convoyes del EI, ¿por qué no llegó a sumarse la fuerza aérea estadounidense al bombardeo de su peor enemigo? Pues no: por alguna razón, los satélites y los drones y los servicios de inteligencia de los EEUU no llegaron a percatarse. Tampoco lo hicieron cuando el EI utilizó idénticos convoyes de camiones suicidas para asediar Palmira la primera vez que ocuparon la ciudad, en mayo de 2015.
No ofrece la menor duda el revés que Palmira representa tanto para el ejército sirio como para los rusos, aunque sea más simbólico que militar. Funcionarios sirios me aseguraron a comienzos de este año que jamás se permitiría que el EI regresara a Palmira. Había una base militar rusa en la ciudad. La fuerza aérea rusa hacía ejercicios de sobrevuelo. Una orquesta rusa había tocado en las mismas ruinas para celebrar la liberación de Palmira.
Y bien, ¿qué ocurrió? Lo más probable es que los militares sirios, simplemente, no dispusieran de hombres bastantes para defender Palmira cuando estaban cerrando el cerco sobre Alepo.
Tenían que recuperar Palmira, y rápido. Pero para Bashar al-Assad el fin del asedio de Alepo significa que el EI, al-Nusra, al-Qaeda y todos los demás grupos salafistas y sus aliados ya no pueden afirmar que disponen de una base, o crear una capital, en la larga línea de grandes ciudades que constituye la espina dorsal de Siria: Damasco, Homs, Hama y Alepo.
Volvamos a Alepo. La habitual y ahora desmayada narrativa periodística precisa de refresco. Estos últimos días ofrecen la prueba. Tras meses de condenar las iniquidades del régimen sirio al tiempo que se echaba niebla sobre la identidad y la brutalidad de sus oponentes en Alepo, las organizaciones de derechos humanos –oliéndose la derrota de los rebeldes— comenzaron hace sólo unos días a difundir críticas que incluían a los defensores del Alepo oriental.
Pongamos el caso del Alto Comisionado para Derechos Humanos de la ONU. Después de que la semana pasada insistiera en sus habituales –y perfectamente entendibles— temores por la población civil del este de Alepo y su personal médico, así como por los civiles sujetos a represalias gubernamentales y los “centenares de hombres” que podrían haber desaparecido tras cruzar las líneas del frente, la ONU, de repente, comenzó a expresar otros temores.
“Durante las dos últimas semanas, el Frente Fatah al-Sham [es decir, ¡el EI!] y el batallón Abu Amara parecen haber secuestrado y asesinado a un número desconocido de civiles que habían pedido a los grupos armados que se alejaran de sus vecindarios para ahorrar vidas de civiles.”
Y continúa: “También hemos recibido informaciones, según las cuales, entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre, los grupos armados de oposición dispararon contra civiles que trataban de huir”. Además, se han registrado “ataques indiscriminados” sobre áreas densamente pobladas del oeste de Alepo dominado por el gobierno y del este “rebelde”.
Yo sospecho que oiremos más cosas por el estilo en los días venideros. El mes próximo leeremos también un libro nuevo que pone los pelos de punta, Mercaderes de hombres, de la periodista italiana Loretta Napoleoni, sobre la financiación de la guerra en Siria. Habla de las fuerzas gubernamentales y de las fuerzas rebeldes en términos de secuestradores exprés, pero tiene también palabras durísimas para nuestra profesión periodística.
Escribe, por ejemplo, que “reporteros secuestrados por grupos armados en el este de Siria cayeron víctimas de una síndrome de Hemingway: los corresponsales de guerra que apoyan la insurgencia confían en los rebeldes y ponen sus vidas en sus manos, porque están aliados con ellos”. Pero “la insurgencia no es más que una variante del yihadismo criminal, un fenómeno moderno con una sola lealtad: el dinero” ¿Demasiado dura con nuestra profesión? ¿Somos realmente “aliados” de los rebeldes?
Desde luego, nuestros amos políticos lo son. Y por la misma razón que los rebeldes secuestran a sus víctimas: dinero. De aquí la desgracia del Brexit para May y su corte bufonesca de ministros, que la semana pasada se postraron ante los autócratas suníes que financian a los yihadistas de Siria en la esperanza de ganar millones de libras esterlinas con ventas de armas pos-Brexit al Golfo.
En unas horas, el Parlamento británico debatirá sobre la delicada situación de los médicos, las enfermeras, los niños y civiles heridos de Alepo y otras zonas de Siria. El grotesco comportamiento del Gobierno del Reino Unido ha conseguido que ni los sirios ni los rusos presten la menor atención a nuestros miserables lloriqueos. Y eso, también, debe formar parte de este cuento.
Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro
"No siento un total pesimismo. La lucha va más allá del contexto sirio". Entrevista
Yassin al-Haj Saleh
¿El conflicto sirio se encamina hacia un punto de inflexión decisivo? Los eventos de Alepo lo sugieren. En las grandes metrópolis del norte, la rebelión está sufriendo una dolorosa derrota contra el ejército del régimen con la ayuda de múltiples milicias extranjeras y la aviación militar rusa. Presente en Bruselas, el opositor sirio Yassin al-Haj Saleh, ex preso político ahora en el exilio en Turquía, nos da sus impresiones.
-¿Qué le parece la inminente caída de la parte rebelde de Alepo, en las manos del régimen?
La verdad es que la ciudad no caerá exactamente en las manos del régimen, sino entre las milicias de Irán (NdT: chiítas), libanesas, iraquíes, etc. que están presentes sobre el terreno con el apoyo masivo de la aviación rusa. ¡Y el aval del resto del mundo! Ciertamente, países como Francia o los Estados Unidos no están contentos con lo que está sucediendo, pero no mueven un dedo para evitar el desarrollo de los acontecimientos. El régimen fascista del tirano Bashar al-Assad va a continuar en el poder luego de destruir el país y haber aniquilado una generación, con ese medio millón de muertos, millones de desplazados internos o exiliados. La represión sobrepasa todo lo que habíamos experimentado en Siria en la década de 1980.
-¿Cómo juzga usted a la comunidad internacional?
Todo se hizo evidente a finales de agosto de 2013, después del ataque químico contra la periferia rebelde de Damasco, que dejó 1.466 muertes en un solo día. "Ellos" simplemente decidieron quitarle el arma del crimen con el acuerdo entre los EE.UU. y Rusia, que obligó al régimen a entregar a la ONU sus stocks de armas químicas. El régimen comprendió bien la significación del mercado: ¡permiso para matar con cualquier arma! A continuación, comenzó a utilizar masivamente los barriles cargados de TNT lanzándolos desde helicópteros contra la población.
-¿Usted pone a Obama en el primer rango de las críticas?
Nunca tuvo la opción de no intervención. Eligió actuar en nombre de los rebeldes o para estabilizar la situación. Por lo tanto ayudó eficazmente al gobierno. El pretexto es que en la rebelión había extremistas islámicos radicalizados, una primera explicación comprensible. Salvo que vio las cosas como si se limitaran a una elección entre el fascismo, el régimen o los yihadistas, ¡ignorando a todos los demás rebeldes! Nosotros pasamos a ser invisibles. Ciertamente había una radicalización, una militarización, una islamización de la rebelión, un aumento incluso del nihilismo, y también la corrupción de los grupos radicales apoyados por los saudíes; pero el fenómeno del "Estado Islámico", que nada tiene que ver con Siria, fue germinando en Afganistán y ha crecido en Irak.
-¿En su último libro, usted explica que el régimen utiliza el confesionalismo...
Esto no es nuevo para nosotros. El plan busca dividir, asustar, para controlar a la población. El objetivo: que cada comunidad tenga miedo de los demás. ¿Tienes miedo? El régimen les protege! Ese es el mensaje, las manipulaciones confesionales no tienen nada que ver con la fe religiosa en realidad. Desde el comienzo de las protestas y la violencia en la primavera de 2011, el régimen amenazó con la guerra civil. Durante mucho tiempo los sirios tuvieron miedo. Sin embargo, las matanzas sectarias nunca habían existido antes en Siria. Muchas personas en el año 2011, veían con entusiasmo las imágenes de la plaza Tahrir en Egipto, donde grandes multitudes desafiaron el déspota, una fórmula mágica que lograría el resurgir de una protesta pacífica. Pero el 1° de abril de 2011, en la plaza más grande de Damasco, el régimen disparó contra la multitud y hubo 80 muertos y 200 en Homs. Los rebeldes entonces creían que la comunidad internacional volaría a su rescate, que no permitiría la repetición de masacres como la perpetrada por el padre de Bashar, Hafez, en Hama en enero de 1982. La presencia del embajador de los Estados Unidos, Robert Ford, en Hama, durante una gran manifestación a principios de julio había fortalecido esas esperanzas. ¡Ay! que están decepcionados.
-¿Para justificarse, Barack Obama dice que no ha sido capaz de identificar a grupos rebeldes armados "fiables"...
Es una explicación elitista y que no tiene sentido. ¿Si un criminal entra en su casa y amenaza de muerte a sus hijos, se espera hasta encontrar una alternativa atractiva para responder? Queremos luchar con armas eficaces. Sí, los problemas de Siria son importantes, pero el deber del mundo es evitar la muerte de civiles, la nuestra es resolver los problemas entre los sirios.
-El régimen dice que tiene el apoyo de la mayoría de la población...
¡Muy bien! Vamos a pasar por elecciones libres para ver. La población, mientras tanto, recibe la visita de los Soukhoï rusos que lanzan sus bombas.
-¿La caída de Alepo qué presagia como futuro?
Dos sentimientos contradictorios me asaltan. En primer lugar, el hecho de que las esperanzas de la Revolución Siria murieron. Estamos derrotados. Es demasiado tarde, no podemos ganar. Al mismo tiempo, quiero hablar de mi orgullo. Por nuestra lucha, por nuestros muertos, por nuestros torturados por nuestros humillados. Pero no siento un pesimismo total. La lucha va más allá del contexto sirio. Esta es una lucha global por la dignidad y la libertad. Aprendemos de los otros, pero ahora nosotros tenemos mucho que decirles a los demás. Cabe destacar que este conflicto se ha convertido en el paradigma de la guerra contra el terrorismo. Y que esta guerra puede destruir la democracia de ustedes. Vean el éxito de Donald Trump en los Estados Unidos ... Básicamente, es una guerra perfecta para la élite y para controlar mejor a la gente.
-¿Usted sigue siendo un marxista?
(Risas) Digamos que me considero un hombre de izquierda. A pesar del hecho de que las izquierdas en el mundo, se ubican a menudo en el campo de los criminales Bashar Assad y Vladimir Putin. Mis combates son la defensa de la dignidad humana, la justicia social. Es una izquierda que no añora el fuego de la Unión Soviética, sino que más bien se referencia en los valores de los republicanos durante la Guerra Civil española.
*Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa Robert Fisk Corresponsal del diario británico The Independent en Oriente Medio. Yassin al-Haj Saleh escritor y disidente, pasó dieciséis años en las cárceles sirias. Se exilió en octubre de 2013 para escapar del régimen y del “Estado Islámico”. Fue el invitado de la Fundación Europea para la Democracia y de la asociación ActionSyrie. *
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2016.08.14 13:57 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

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Pero, ¿cómo se logrará esta reducción y redistribución del trabajo doméstico? En la transición de la dictadura del proletariado al comunismo pleno, la transformación de la familia es un corolario de la expansión de la producción y el aumento de la abundancia. Su extinción o desintegración es resultado del éxito económico. En el proceso, será remplazada por nuevas formas de vivir que serán inconmensurablemente más ricas, humanas y gratificantes. Bien puede haber la necesidad de desarrollar algunas reglas en el curso de esta transformación conforme la gente busque nuevos modos de vida. En el periodo de transición, será la tarea del colectivo democrático de los obreros, el soviet, construir alternativas y guiar el proceso.
Vogel no plantea la cuestión crucial: cuando la mujer se libere de la esclavitud doméstica, ¿será libre para hacer qué? ¿La reducción del tiempo que pase en el trabajo doméstico será compensada por un aumento comparable en el tiempo que pase en su trabajo, dos horas menos lavando ropa y trapeando pisos, dos horas más en la línea de ensamblaje de la fábrica? Ésa ciertamente no es la idea marxista de la liberación de la mujer.
Remplazar el trabajo doméstico y la crianza de los niños con instituciones colectivas son aspectos de un cambio fundamental en la relación entre producción y tiempo de trabajo. Bajo una economía socialista planificada, todo tipo de actividad económica —desde la producción de acero y computadoras hasta la limpieza de la ropa, los pisos y los muebles— pasará por un constante y rápido aumento en la cantidad de producto por unidad de trabajo aplicado. Mucho antes de que se logre una sociedad comunista, es probable que la mayor parte del trabajo doméstico ya se haya automatizado. Más en general, habrá una reducción continua del tiempo de trabajo total necesario para la producción y el mantenimiento de los bienes de consumo y los medios de producción.
En una sociedad plenamente comunista, la mayor parte del tiempo será lo que ahora llamamos “tiempo libre”. El trabajo necesario absorberá una porción tan pequeña de tiempo y energía que cada individuo se lo concederá libremente al colectivo social. Todos dispondrán del tiempo y de los recursos materiales y culturales necesarios para realizar trabajo creativo y gratificante. En los Grundrisse (1857), Marx cita la composición musical como ejemplo de trabajo genuinamente libre.
Los “feministas socialistas” falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques
En 2005, Sharon Smith, figura dirigente de la ISO que se pretende una teórica, publicó un libro, Women and Socialism: Essays on Women’s Liberation (La mujer y el socialismo: Ensayos sobre la liberación de la mujer, Haymarket Books), del cual se espera una nueva edición revisada y expandida para este año [2015]. Un extracto de esta nueva edición, “Theorizing Women’s Oppression: Domestic Labor and Women’s Oppress-ion” [Teorizando sobre la opresión de la mujer: El trabajo doméstico y la opresión de la mujer], publicado en International Socialist Review (marzo de 2013), delinea lo que la ISO define como su nuevo enfoque del feminismo. La “teorización” de Smith se basa en gran medida en el concepto de que el trabajo doméstico no remunerado es el fundamento de la opresión de la mujer, como lo presenta Vogel en Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory.
Smith comienza criticando a Karl Marx y Friedrich Engels, un requisito esencial para acceder al medio feminista pequeñoburgués: “La manera en que Marx y Engels describen la opresión de la mujer presenta frecuentemente componentes contradictorios: en algunos sentidos cuestionando fundamentalmente el status quo de género, pero meramente reflejándolo en otros”. Smith critica incluso más agudamente la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, un evento que los liberales, feministas o no, consideran en el mejor de los casos un experimento utópico fallido y, en el peor, el nacimiento de un estado policiaco totalitario.
Haciéndole el juego a los prejuicios anticomunistas, Smith afirma que los bolcheviques apoyaron el papel tradicional de la mujer, haciendo de la maternidad el más alto deber social: “A pesar de los enormes logros de la Revolución Rusa de 1917 —incluyendo la legalización del aborto y el divorcio, el derecho al voto y a contender por puestos públicos y la abrogación de leyes que criminalizaban la prostitución y la sexualidad gay—, ésta no produjo una teoría capaz de enfrentar las normas naturales heterosexuales o la prioridad dada al destino maternal de las mujeres”. Smith procede a citar una declaración de John Riddell, un historiador izquierdista que frecuentemente publica en la International Socialist Review de la ISO: “Las mujeres comunistas en ese periodo veían el tener hijos como una responsabilidad social y buscaban ayudar a las ‘mujeres pobres que desean experimentar la maternidad como la más elevada felicidad’”.
Apoyándose en una cita sacada de contexto, Smith y Riddell falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques. Los bolcheviques veían el remplazo de la familia a través de métodos colectivos para la crianza de los niños no como un objetivo distante en una futura sociedad comunista, sino como un programa que estaban empezando a implementar en el estado obrero ruso soviético existente. Alexandra Kollontai, una de las dirigentes del trabajo bolchevique entre las mujeres, abogó por instituciones socializadas que asumieran completa responsabilidad por los niños y su bienestar físico y sicológico desde la infancia. En su discurso al I Congreso de Mujeres Trabajadoras de Toda Rusia en 1918, declaró:
“Gradualmente, la sociedad se hará cargo de todas aquellas obligaciones que antes recaían sobre los padres...
“Existen ya casas para los niños lactantes, guarderías infantiles, jardines de la infancia, colonias y hogares para niños, enfermerías y sanatorios para los enfermos o delicados, restaurantes, comedores gratuitos para los discípulos en escuelas, libros de estudio gratuitos, ropas de abrigo y calzado para los niños de los establecimientos de enseñanza. ¿Todo esto no demuestra suficientemente que el niño sale ya del marco estrecho de la familia, pasando la carga de su crianza y educación de los padres a la colectividad?”
—“El comunismo y la familia”, Editorial Marxista, Barcelona, 1937
En una sociedad socialista, el personal encargado del cuidado y la educación en guarderías, jardines de niños y las escuelas preescolares estará compuesto de hombres y mujeres. De este modo —y sólo de este modo—, podrá eliminarse la división ancestral del trabajo entre hombres y mujeres en el cuidado de los niños pequeños.
El punto de vista de Kollontai acerca del futuro de la familia no era inusual entre los dirigentes bolcheviques. En La mujer, el estado y la revolución: Política familiar y vida social soviéticas, 1917-1936 (Ediciones IPS, 2010), Wendy Goldman, una académica estadounidense de simpatías liberales feministas, escribe que Aleksandr Goijbarg, el principal autor del primer Código Sobre el Matrimonio, la Familia y la Tutela (1918), “alentaba a los padres a rechazar ‘su amor estrecho e irracional por sus hijos’. Según su punto de vista la crianza del estado ‘proveería resultados ampliamente superiores al abordaje privado, individual, irracional y no científico de padres individualmente “amorosos” pero “ignorantes”’”. Los bolcheviques no buscaban únicamente liberar a las mujeres del fastidio doméstico y la dominación patriarcal, sino también liberar a los niños de los efectos, frecuentemente nocivos, de la autoridad parental.
Los bolcheviques y el cuidado colectivo de los niños
Haciendo eco de Vogel, Smith escribe:
“Si la función económica de la familia obrera, tan crucial en la reproducción de la fuerza de trabajo para el sistema capitalista —y que al mismo tiempo forma la raíz social de toda la opresión de la mujer—, fuera eliminada, se sentarían las bases materiales para la liberación de la mujer. Este resultado sólo puede empezar a obtenerse mediante la eliminación del sistema capitalista y su remplazo por una sociedad socialista que colectivice el trabajo doméstico antes asignado a las mujeres”.
Aquí, el uso que hace Smith del término “trabajo doméstico” resulta ambiguo. ¿Se refiere únicamente a los quehaceres domésticos y al cuidado físico de los niños pequeños? ¿Y qué hay del “trabajo doméstico” que implica lo que se considera la tutela parental hoy día en EE.UU.? Smith no nos lo dice. Simplemente ignora la cuestión de las relaciones interpersonales entre las madres y sus hijos: escuchar y hablar con ellos de sus problemas, deseos y miedos; enseñarles los primeros pasos en el lenguaje y las bases de higiene, seguridad y otras tareas prácticas; jugar con ellos; ayudarles con su tarea. Al ignorar estas interacciones como parte del dominio colectivo, la idea del socialismo de Smith es enteramente compatible con la preservación de la familia, excluyendo los quehaceres domésticos.
¿Por qué esta ambigüedad en una cuestión tan crucial? La ISO apela a los jóvenes idealistas de la izquierda liberal promoviendo una versión del “marxismo” adaptada a sus puntos de vista y a sus prejuicios. Esta organización no toma casi nunca una posición sobre tema alguno que sea verdaderamente impopular en el medio de los radicales liberales estadounidenses. Las jóvenes feministas encontrarán muy atractiva la idea de una vida familiar sin quehaceres domésticos. Pero, ¿abandonar la perspectiva de un hogar familiar propio y la preocupación exclusiva por sus “propios” hijos? La audiencia pequeñoburguesa a la que se dirige Smith se horrorizaría ante el programa bolchevique para la transformación de la vida cotidiana a través de los métodos colectivos de vida. Como escribió Kollontai:
“La mujer, a la que invitamos a que luche por la gran causa de la liberación de los trabajadores, tiene que saber que en el nuevo estado no habrá motivo alguno para separaciones mezquinas, como ocurre ahora.
“‘Estos son mis hijos. Ellos son los únicos a quienes debo toda mi atención maternal, todo mi afecto; ésos son hijos tuyos; son los hijos del vecino. No tengo nada que ver con ellos. Tengo bastante con los míos propios’.
“Desde ahora, la madre obrera que tenga plena conciencia de su función social, se elevará a tal extremo que llegará a no establecer diferencias entre ‘los tuyos y los míos’; tendrá que recordar siempre que desde ahora no habrá más que ‘nuestros’ hijos, los del estado comunista, posesión común de todos los trabajadores”.
En 1929, el Partido Comunista (PC) ruso todavía llamaba por la extinción de la familia, a pesar del ascenso al poder político de una casta burocrática conservadora dirigida por I.V. Stalin cinco años antes. Pero como escribimos en “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”: “Para 1936-37, cuando la degeneración del PC ruso ya estaba completa, la doctrina estalinista declaró eso un ‘craso error’ y llamó por una ‘reconstrucción de la familia sobre una nueva base socialista’”.
La familia como una construcción social
Mientras que Smith y Riddell afirman falsamente que el régimen bolchevique de los primeros años apoyaba el papel tradicional de las mujeres como principales cuidadoras de sus niños pequeños, Goldman lo critica por no hacerlo:
“Los bolcheviques les adjudicaban poca importancia a los poderosos lazos emocionales entre padres e hijos. Asumían que la mayor parte del cuidado necesario de los niños, hasta de los más pequeños, podía ser relegado a empleados públicos pagos. Tendían a menospreciar el rol del lazo madre-hijo en la supervivencia infantil y el desarrollo del niño en edad temprana, por más que hasta un conocimiento rudimentario del trabajo de guarderías pre-revolucionarias hubiera revelado las tasas de supervivencia escandalosamente bajas para niños pequeños en contextos institucionales y los obstáculos para el desarrollo infantil sano”.
Esta analogía es completamente inválida. El trato y la suerte de los niños pequeños en los empobrecidos orfanatorios de la Rusia zarista no pueden ser comparados de ningún modo con el cuidado colectivo de los niños en una sociedad revolucionaria. Un estado obrero, particularmente en un país económicamente avanzando, tendría los recursos humanos y materiales para proporcionar un cuidado para los niños pequeños muy superior en todos los aspectos al de una madre en el contexto privado del hogar familiar.
Más aún, los bolcheviques pusieron gran énfasis en la salud y el bienestar de las madres y los niños. El Código Laboral de 1918 proporcionaba un descanso pagado de 30 minutos al menos cada tres horas para alimentar a un bebé. El programa de seguridad maternal implementado ese mismo año proveía una licencia por maternidad pagada de ocho semanas, recesos para el cuidado infantil e instalaciones de descanso en las fábricas para las mujeres en el trabajo, cuidado pre y postnatal gratuito y pensiones en efectivo. Con la red de clínicas de maternidad, consultorios, comedores, guarderías y hogares para las madres y los bebés, este programa probablemente fue la innovación más popular del régimen soviético entre las mujeres.
Los feministas en EE.UU. y otros lugares denuncian frecuentemente la proposición de que “la biología determina el destino” como una expresión de machismo. Y, sin embargo, Goldman asume que las mujeres, o incluso los hombres, que no tienen relación biológica con los bebés ni los niños pequeños son incapaces de desarrollar los mismos sentimientos de protección hacia ellos que sus madres biológicas. Los padres de niños adoptados probablemente tendrán algo que decir contra esta idea. Pero la práctica moderna de la adopción en EE.UU. también está basada en la idea de que sólo en el contexto de una “familia” —ya sea de madre y padre biológicos, padres adoptivos o padres gay o transgénero— los niños pueden recibir el cuidado y el amor necesarios. Lejos de ser un hecho natural, la idea de que los niños sólo pueden desarrollarse con éxito en el contexto de una familia es una construcción social.
Cuando la gente vivía como cazadores-recolectores (durante la vasta mayoría de los 200 mil años en los que ha existido nuestra especie), la banda o la tribu, no “la pareja”, era la unidad básica de la existencia humana. Un ejemplo del pasado no muy distante viene del testimonio de los misioneros jesuitas del siglo XVII entre el pueblo de cazadores naskapi de Labrador. Como lo cuenta Eleanor Burke Leacock en su magnífica introducción a El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels (International Publishers, 1972), los jesuitas se quejaban de la libertad sexual de las mujeres naskapi, señalándole a un hombre que “no estaba seguro de que su hijo, que estaba ahí presente, fuera su hijo”. La respuesta del naskapi es reveladora: “Ustedes no tienen sentido. Ustedes los franceses aman sólo a sus propios hijos; pero nosotros amamos a todos los niños de nuestra tribu”.
La desaparición de las clases y la propiedad privada bajo el comunismo conduciría inevitablemente a la completa libertad en las relaciones sexuales y a la desaparición de cualquier concepto de legitimidad e ilegitimidad. Todo el mundo tendría acceso a los beneficios completos de la sociedad por el sólo hecho de ser ciudadano del soviet internacional.
La familia como portadora de la ideología burguesa
Vogel y Smith limitan implícitamente el concepto de trabajo doméstico a las actividades físicas. De ese modo, Smith escribe: “Las actividades cotidianas de la familia aún giran alrededor de la alimentación, el vestido, la limpieza y el cuidado en general de sus miembros, y esa responsabilidad aún recae principalmente en las mujeres”. Pero criar hijos con miras a su eventual ingreso al mercado laboral no es como criar becerros y corderos para el mercado ganadero. La reproducción de la fuerza de trabajo humana no tiene sólo un componente biológico, sino también uno social, es decir ideológico. Llevar a un niño a la iglesia o a recibir educación religiosa también es una forma de trabajo doméstico, importante a su modo para la preservación del sistema capitalista; lo mismo sucede con llevar a un niño a ver una película que glorifica los “valores familiares”, el patriotismo, etc. La familia es la principal institución a través de la cual la ideología burguesa en sus distintas formas se transmite de una generación a la siguiente.
En El ABC del comunismo (1919), escrito por dos dirigentes bolcheviques, Nikolai Bujarin y Evguenii Preobrazhensky, se explica cómo la diminuta minoría de capitalistas no puede dominar a la clase obrera utilizando sólo la fuerza física y la coerción impuestas por la policía y el ejército. La preservación del sistema capitalista también requiere de la fuerza de las ideas:
“La burguesía comprende que no puede someter a la clase obrera con la sola fuerza bruta. Sabe que es necesario nublar también el cerebro... El estado capitalista educa especialistas para el acretinamiento y la doma del proletariado: maestros burgueses y profesores, curas y obispos, plumíferos y periodistas burgueses”.
Bujarin y Preobrazhensky señalaron tres instituciones fundamentales para mantener el dominio ideológico de la burguesía: el sistema educativo, la iglesia y la prensa (los medios masivos actualmente incluyen también al cine, la televisión y el Internet).
En los países capitalistas avanzados, en los que los niños son normalmente considerados propiedad de sus padres, la familia tiene relaciones distintas con cada una de esas instituciones. A partir de los cinco o seis años, los niños están legalmente obligados a asistir a la escuela (pública o privada) y los niños más chicos con frecuencia van a preescolar. Desde muy temprana edad, los niños ven televisión; algunos padres, más frecuentemente las madres, controlan lo que ven. A diferencia de los maestros y los productores de televisión, los clérigos no tienen un acceso tan automático a los niños pequeños: en EE.UU. y otros países, los padres deciden si sus hijos reciben adoctrinamiento religioso o no. Al menos al inicio, este adoctrinamiento les es impuesto a los niños en contra de sus deseos subjetivos. Probablemente no hay en el planeta un niño de cuatro o cinco años que prefiera asistir a servicios religiosos en vez de jugar con otros niños.
Tomemos el caso de un niño de diez años cuyos padres son católicos practicantes. Desde que tiene memoria lo han llevado a misa. Ha ido a una escuela católica en vez de ir a la escuela pública, o adicionalmente a ésta. En casa, ha escuchado rezos antes de cada comida y experimentado múltiples expresiones de fe religiosa en la vida doméstica cotidiana. Hay grandes probabilidades de que un niño como éste suscriba las creencias y doctrinas católicas al menos hasta una etapa posterior de su vida en la que se vea libre de la autoridad de sus padres.
Por otro lado, veamos ahora el caso de un niño de diez años cuyos padres no son religiosos. Su conocimiento de la religión está limitado a lo que ha aprendido en la escuela pública e información ocasional obtenida de programas de televisión, películas y discusiones con otros niños de mentalidad religiosa. Un niño así casi seguramente no será religioso. Pero no tener religión no inmuniza a un niño de otras formas probablemente “progresistas” de ideología burguesa. Un niño criado por padres que suscriben el “humanismo secular” muy probablemente se considerará políticamente liberal en EE.UU. o socialdemócrata en Europa, y probablemente demostrará elitismo intelectual. Así mismo, existe una corriente del libertarismo ateo (asociada con Ayn Rand) que glorifica el individualismo egoísta y el capitalismo de “libre mercado”. La religión no es la única forma de ideología burguesa reaccionaria.
La familia oprime a los niños al igual que a las mujeres, y deforma muchísimo la conciencia de los hombres también. Los feministas, liberales y “socialistas”, ignoran este hecho social fundamental, si no es que abiertamente lo niegan. Para éstos, reconocer que la opresión de los niños es intrínseca a la familia significaría (¡horror de horrores!) criticar el comportamiento socialmente condicionado de las mujeres en su papel de madres. Marxistas autoproclamados como Vogel y Smith, que promueven la tesis de que el trabajo doméstico es la base de la opresión de las mujeres, tratan implícitamente a las mujeres como si sólo hicieran bien a sus hijos.
Contra la represión sexual de los niños
Aunque la mayoría de los feministas condenarían el abuso físico de los niños, en los hechos permanecen indiferentes al abuso sicológico. Por tomar sólo un ejemplo, los hijos de padres fundamentalistas cristianos (católicos o protestantes) sufren la tortura mental de creer que irán al infierno si no se portan bien.
La represión sexual de los niños, que se extiende a la adolescencia, está bastante más extendida y causa daños sicológicos más graves. La sociedad capitalista está diseñada para penalizar la expresión de sexualidad de los niños desde el nacimiento. Incluso los padres más instruidos no pueden proteger a sus hijos de la ideología moralista y antisexo que permea la sociedad estadounidense —desde los pasillos decorados en azul y rosa en las jugueterías hasta la prohibición de desnudez en público y la demonización de la actividad sexual de los niños, incluida la masturbación—. Como principales cuidadoras de los bebés y los niños pequeños, las madres (más que los padres), inician el proceso de represión sexual, enseñándoles a los niños a sentirse avergonzados de sus cuerpos y a suprimir su curiosidad natural.
August Bebel, uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia alemana a finales del siglo XIX y principios del XX, parece un libertario sexual radical en comparación de los “feministas socialistas” de hoy en día. En La mujer y el socialismo, insistía:
“La satisfacción del instinto sexual es asunto personal de cada uno lo mismo que la satisfacción de cualquier otro instinto natural. Nadie tendrá que dar cuentas a otro ni se entremezclará nadie a quien no se le llame... El hecho de que desaparezca esa vergüenza tonta y ese ridículo secreto para hablar de las cosas sexuales, dará al trato entre los sexos una forma mucho más natural que hoy” [énfasis en el original].
Uno puede leer cientos de páginas escritas por los “feministas socialistas” modernos sin encontrar un solo argumento de que una sociedad socialista le permitirá a todo mundo satisfacer mejor sus deseos y necesidades sexuales.
El futuro comunista
Bajo el comunismo, la gente tendrá la genuina y auténtica libertad de construir y reconstruir sus relaciones interpersonales. Desde luego, esta libertad no es absoluta. La humanidad no puede trascender sus características biológicas y su relación con el entorno natural. El hombre y la mujer comunistas también envejecerán y morirán. Tampoco es posible borrar por completo el pasado y construir la sociedad desde cero. La humanidad comunista heredará, para bien y para mal, el legado cultural acumulado de nuestra especie. No podemos s aber qué prácticas sexuales existirán en la sociedad comunista porque serán determinadas en el futuro. Cualquier proyección, y más aún una prescripción, llevaría consigo las actitudes, los valores y los prejuicios formados en una sociedad de clases represiva.
Una diferencia fundamental entre los marxistas y los feministas, ya sean liberales o supuestamente socialistas, es que nuestro objetivo final no es la equidad entre los géneros como tal, sino el desarrollo progresista de la especie humana en su conjunto. La crianza comunal de los niños bajo condiciones de abundancia material y riqueza cultural producirá seres humanos cuyas capacidades mentales y bienestar sicológico serán vastamente superiores a las de la gente en esta sociedad empobrecida, opresiva y dividida en clases. En un discurso de 1932 acerca de la Revolución Rusa, “¿Qué fue la Revolución Rusa?”, León Trotsky dijo:
“Verdad es que la humanidad ha producido más de una vez gigantes del pensamiento y de la acción que sobrepasaban a sus contemporáneos como cumbres en una cadena de montañas. El género humano tiene derecho a estar orgulloso de sus Aristóteles, Shakespeare, Darwin, Beethoven, Goethe, Marx, Edison, Lenin. ¿Pero por qué estos hombres son tan escasos? Ante todo, porque han salido, casi sin excepción, de las clases elevadas y medias. Salvo raras excepciones, los destellos del genio quedan ahogados en las entrañas oprimidas del pueblo, antes que ellas puedan incluso brotar. Pero también porque el proceso de generación, de desarrollo y de educación del hombre permaneció y permanece siendo en su esencia obra del azar; no esclarecido por la teoría y la práctica; no sometido a la conciencia y a la voluntad...
“Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre trabajará sobre sí mismo en los morteros, con las herramientas del químico. Por primera vez, la humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como un producto semiacabado físico y psíquico. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. También es en este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una nueva especie más feliz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2016.06.07 04:08 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

https://archive.is/7HsFd
Pero, ¿cómo se logrará esta reducción y redistribución del trabajo doméstico? En la transición de la dictadura del proletariado al comunismo pleno, la transformación de la familia es un corolario de la expansión de la producción y el aumento de la abundancia. Su extinción o desintegración es resultado del éxito económico. En el proceso, será remplazada por nuevas formas de vivir que serán inconmensurablemente más ricas, humanas y gratificantes. Bien puede haber la necesidad de desarrollar algunas reglas en el curso de esta transformación conforme la gente busque nuevos modos de vida. En el periodo de transición, será la tarea del colectivo democrático de los obreros, el soviet, construir alternativas y guiar el proceso.
Vogel no plantea la cuestión crucial: cuando la mujer se libere de la esclavitud doméstica, ¿será libre para hacer qué? ¿La reducción del tiempo que pase en el trabajo doméstico será compensada por un aumento comparable en el tiempo que pase en su trabajo, dos horas menos lavando ropa y trapeando pisos, dos horas más en la línea de ensamblaje de la fábrica? Ésa ciertamente no es la idea marxista de la liberación de la mujer.
Remplazar el trabajo doméstico y la crianza de los niños con instituciones colectivas son aspectos de un cambio fundamental en la relación entre producción y tiempo de trabajo. Bajo una economía socialista planificada, todo tipo de actividad económica —desde la producción de acero y computadoras hasta la limpieza de la ropa, los pisos y los muebles— pasará por un constante y rápido aumento en la cantidad de producto por unidad de trabajo aplicado. Mucho antes de que se logre una sociedad comunista, es probable que la mayor parte del trabajo doméstico ya se haya automatizado. Más en general, habrá una reducción continua del tiempo de trabajo total necesario para la producción y el mantenimiento de los bienes de consumo y los medios de producción.
En una sociedad plenamente comunista, la mayor parte del tiempo será lo que ahora llamamos “tiempo libre”. El trabajo necesario absorberá una porción tan pequeña de tiempo y energía que cada individuo se lo concederá libremente al colectivo social. Todos dispondrán del tiempo y de los recursos materiales y culturales necesarios para realizar trabajo creativo y gratificante. En los Grundrisse (1857), Marx cita la composición musical como ejemplo de trabajo genuinamente libre.
Los “feministas socialistas” falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques
En 2005, Sharon Smith, figura dirigente de la ISO que se pretende una teórica, publicó un libro, Women and Socialism: Essays on Women’s Liberation (La mujer y el socialismo: Ensayos sobre la liberación de la mujer, Haymarket Books), del cual se espera una nueva edición revisada y expandida para este año [2015]. Un extracto de esta nueva edición, “Theorizing Women’s Oppression: Domestic Labor and Women’s Oppress-ion” [Teorizando sobre la opresión de la mujer: El trabajo doméstico y la opresión de la mujer], publicado en International Socialist Review (marzo de 2013), delinea lo que la ISO define como su nuevo enfoque del feminismo. La “teorización” de Smith se basa en gran medida en el concepto de que el trabajo doméstico no remunerado es el fundamento de la opresión de la mujer, como lo presenta Vogel en Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory.
Smith comienza criticando a Karl Marx y Friedrich Engels, un requisito esencial para acceder al medio feminista pequeñoburgués: “La manera en que Marx y Engels describen la opresión de la mujer presenta frecuentemente componentes contradictorios: en algunos sentidos cuestionando fundamentalmente el status quo de género, pero meramente reflejándolo en otros”. Smith critica incluso más agudamente la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, un evento que los liberales, feministas o no, consideran en el mejor de los casos un experimento utópico fallido y, en el peor, el nacimiento de un estado policiaco totalitario.
Haciéndole el juego a los prejuicios anticomunistas, Smith afirma que los bolcheviques apoyaron el papel tradicional de la mujer, haciendo de la maternidad el más alto deber social: “A pesar de los enormes logros de la Revolución Rusa de 1917 —incluyendo la legalización del aborto y el divorcio, el derecho al voto y a contender por puestos públicos y la abrogación de leyes que criminalizaban la prostitución y la sexualidad gay—, ésta no produjo una teoría capaz de enfrentar las normas naturales heterosexuales o la prioridad dada al destino maternal de las mujeres”. Smith procede a citar una declaración de John Riddell, un historiador izquierdista que frecuentemente publica en la International Socialist Review de la ISO: “Las mujeres comunistas en ese periodo veían el tener hijos como una responsabilidad social y buscaban ayudar a las ‘mujeres pobres que desean experimentar la maternidad como la más elevada felicidad’”.
Apoyándose en una cita sacada de contexto, Smith y Riddell falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques. Los bolcheviques veían el remplazo de la familia a través de métodos colectivos para la crianza de los niños no como un objetivo distante en una futura sociedad comunista, sino como un programa que estaban empezando a implementar en el estado obrero ruso soviético existente. Alexandra Kollontai, una de las dirigentes del trabajo bolchevique entre las mujeres, abogó por instituciones socializadas que asumieran completa responsabilidad por los niños y su bienestar físico y sicológico desde la infancia. En su discurso al I Congreso de Mujeres Trabajadoras de Toda Rusia en 1918, declaró:
“Gradualmente, la sociedad se hará cargo de todas aquellas obligaciones que antes recaían sobre los padres...
“Existen ya casas para los niños lactantes, guarderías infantiles, jardines de la infancia, colonias y hogares para niños, enfermerías y sanatorios para los enfermos o delicados, restaurantes, comedores gratuitos para los discípulos en escuelas, libros de estudio gratuitos, ropas de abrigo y calzado para los niños de los establecimientos de enseñanza. ¿Todo esto no demuestra suficientemente que el niño sale ya del marco estrecho de la familia, pasando la carga de su crianza y educación de los padres a la colectividad?”
—“El comunismo y la familia”, Editorial Marxista, Barcelona, 1937
En una sociedad socialista, el personal encargado del cuidado y la educación en guarderías, jardines de niños y las escuelas preescolares estará compuesto de hombres y mujeres. De este modo —y sólo de este modo—, podrá eliminarse la división ancestral del trabajo entre hombres y mujeres en el cuidado de los niños pequeños.
El punto de vista de Kollontai acerca del futuro de la familia no era inusual entre los dirigentes bolcheviques. En La mujer, el estado y la revolución: Política familiar y vida social soviéticas, 1917-1936 (Ediciones IPS, 2010), Wendy Goldman, una académica estadounidense de simpatías liberales feministas, escribe que Aleksandr Goijbarg, el principal autor del primer Código Sobre el Matrimonio, la Familia y la Tutela (1918), “alentaba a los padres a rechazar ‘su amor estrecho e irracional por sus hijos’. Según su punto de vista la crianza del estado ‘proveería resultados ampliamente superiores al abordaje privado, individual, irracional y no científico de padres individualmente “amorosos” pero “ignorantes”’”. Los bolcheviques no buscaban únicamente liberar a las mujeres del fastidio doméstico y la dominación patriarcal, sino también liberar a los niños de los efectos, frecuentemente nocivos, de la autoridad parental.
Los bolcheviques y el cuidado colectivo de los niños
Haciendo eco de Vogel, Smith escribe:
“Si la función económica de la familia obrera, tan crucial en la reproducción de la fuerza de trabajo para el sistema capitalista —y que al mismo tiempo forma la raíz social de toda la opresión de la mujer—, fuera eliminada, se sentarían las bases materiales para la liberación de la mujer. Este resultado sólo puede empezar a obtenerse mediante la eliminación del sistema capitalista y su remplazo por una sociedad socialista que colectivice el trabajo doméstico antes asignado a las mujeres”.
Aquí, el uso que hace Smith del término “trabajo doméstico” resulta ambiguo. ¿Se refiere únicamente a los quehaceres domésticos y al cuidado físico de los niños pequeños? ¿Y qué hay del “trabajo doméstico” que implica lo que se considera la tutela parental hoy día en EE.UU.? Smith no nos lo dice. Simplemente ignora la cuestión de las relaciones interpersonales entre las madres y sus hijos: escuchar y hablar con ellos de sus problemas, deseos y miedos; enseñarles los primeros pasos en el lenguaje y las bases de higiene, seguridad y otras tareas prácticas; jugar con ellos; ayudarles con su tarea. Al ignorar estas interacciones como parte del dominio colectivo, la idea del socialismo de Smith es enteramente compatible con la preservación de la familia, excluyendo los quehaceres domésticos.
¿Por qué esta ambigüedad en una cuestión tan crucial? La ISO apela a los jóvenes idealistas de la izquierda liberal promoviendo una versión del “marxismo” adaptada a sus puntos de vista y a sus prejuicios. Esta organización no toma casi nunca una posición sobre tema alguno que sea verdaderamente impopular en el medio de los radicales liberales estadounidenses. Las jóvenes feministas encontrarán muy atractiva la idea de una vida familiar sin quehaceres domésticos. Pero, ¿abandonar la perspectiva de un hogar familiar propio y la preocupación exclusiva por sus “propios” hijos? La audiencia pequeñoburguesa a la que se dirige Smith se horrorizaría ante el programa bolchevique para la transformación de la vida cotidiana a través de los métodos colectivos de vida. Como escribió Kollontai:
“La mujer, a la que invitamos a que luche por la gran causa de la liberación de los trabajadores, tiene que saber que en el nuevo estado no habrá motivo alguno para separaciones mezquinas, como ocurre ahora.
“‘Estos son mis hijos. Ellos son los únicos a quienes debo toda mi atención maternal, todo mi afecto; ésos son hijos tuyos; son los hijos del vecino. No tengo nada que ver con ellos. Tengo bastante con los míos propios’.
“Desde ahora, la madre obrera que tenga plena conciencia de su función social, se elevará a tal extremo que llegará a no establecer diferencias entre ‘los tuyos y los míos’; tendrá que recordar siempre que desde ahora no habrá más que ‘nuestros’ hijos, los del estado comunista, posesión común de todos los trabajadores”.
En 1929, el Partido Comunista (PC) ruso todavía llamaba por la extinción de la familia, a pesar del ascenso al poder político de una casta burocrática conservadora dirigida por I.V. Stalin cinco años antes. Pero como escribimos en “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”: “Para 1936-37, cuando la degeneración del PC ruso ya estaba completa, la doctrina estalinista declaró eso un ‘craso error’ y llamó por una ‘reconstrucción de la familia sobre una nueva base socialista’”.
La familia como una construcción social
Mientras que Smith y Riddell afirman falsamente que el régimen bolchevique de los primeros años apoyaba el papel tradicional de las mujeres como principales cuidadoras de sus niños pequeños, Goldman lo critica por no hacerlo:
“Los bolcheviques les adjudicaban poca importancia a los poderosos lazos emocionales entre padres e hijos. Asumían que la mayor parte del cuidado necesario de los niños, hasta de los más pequeños, podía ser relegado a empleados públicos pagos. Tendían a menospreciar el rol del lazo madre-hijo en la supervivencia infantil y el desarrollo del niño en edad temprana, por más que hasta un conocimiento rudimentario del trabajo de guarderías pre-revolucionarias hubiera revelado las tasas de supervivencia escandalosamente bajas para niños pequeños en contextos institucionales y los obstáculos para el desarrollo infantil sano”.
Esta analogía es completamente inválida. El trato y la suerte de los niños pequeños en los empobrecidos orfanatorios de la Rusia zarista no pueden ser comparados de ningún modo con el cuidado colectivo de los niños en una sociedad revolucionaria. Un estado obrero, particularmente en un país económicamente avanzando, tendría los recursos humanos y materiales para proporcionar un cuidado para los niños pequeños muy superior en todos los aspectos al de una madre en el contexto privado del hogar familiar.
Más aún, los bolcheviques pusieron gran énfasis en la salud y el bienestar de las madres y los niños. El Código Laboral de 1918 proporcionaba un descanso pagado de 30 minutos al menos cada tres horas para alimentar a un bebé. El programa de seguridad maternal implementado ese mismo año proveía una licencia por maternidad pagada de ocho semanas, recesos para el cuidado infantil e instalaciones de descanso en las fábricas para las mujeres en el trabajo, cuidado pre y postnatal gratuito y pensiones en efectivo. Con la red de clínicas de maternidad, consultorios, comedores, guarderías y hogares para las madres y los bebés, este programa probablemente fue la innovación más popular del régimen soviético entre las mujeres.
Los feministas en EE.UU. y otros lugares denuncian frecuentemente la proposición de que “la biología determina el destino” como una expresión de machismo. Y, sin embargo, Goldman asume que las mujeres, o incluso los hombres, que no tienen relación biológica con los bebés ni los niños pequeños son incapaces de desarrollar los mismos sentimientos de protección hacia ellos que sus madres biológicas. Los padres de niños adoptados probablemente tendrán algo que decir contra esta idea. Pero la práctica moderna de la adopción en EE.UU. también está basada en la idea de que sólo en el contexto de una “familia” —ya sea de madre y padre biológicos, padres adoptivos o padres gay o transgénero— los niños pueden recibir el cuidado y el amor necesarios. Lejos de ser un hecho natural, la idea de que los niños sólo pueden desarrollarse con éxito en el contexto de una familia es una construcción social.
Cuando la gente vivía como cazadores-recolectores (durante la vasta mayoría de los 200 mil años en los que ha existido nuestra especie), la banda o la tribu, no “la pareja”, era la unidad básica de la existencia humana. Un ejemplo del pasado no muy distante viene del testimonio de los misioneros jesuitas del siglo XVII entre el pueblo de cazadores naskapi de Labrador. Como lo cuenta Eleanor Burke Leacock en su magnífica introducción a El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels (International Publishers, 1972), los jesuitas se quejaban de la libertad sexual de las mujeres naskapi, señalándole a un hombre que “no estaba seguro de que su hijo, que estaba ahí presente, fuera su hijo”. La respuesta del naskapi es reveladora: “Ustedes no tienen sentido. Ustedes los franceses aman sólo a sus propios hijos; pero nosotros amamos a todos los niños de nuestra tribu”.
La desaparición de las clases y la propiedad privada bajo el comunismo conduciría inevitablemente a la completa libertad en las relaciones sexuales y a la desaparición de cualquier concepto de legitimidad e ilegitimidad. Todo el mundo tendría acceso a los beneficios completos de la sociedad por el sólo hecho de ser ciudadano del soviet internacional.
La familia como portadora de la ideología burguesa
Vogel y Smith limitan implícitamente el concepto de trabajo doméstico a las actividades físicas. De ese modo, Smith escribe: “Las actividades cotidianas de la familia aún giran alrededor de la alimentación, el vestido, la limpieza y el cuidado en general de sus miembros, y esa responsabilidad aún recae principalmente en las mujeres”. Pero criar hijos con miras a su eventual ingreso al mercado laboral no es como criar becerros y corderos para el mercado ganadero. La reproducción de la fuerza de trabajo humana no tiene sólo un componente biológico, sino también uno social, es decir ideológico. Llevar a un niño a la iglesia o a recibir educación religiosa también es una forma de trabajo doméstico, importante a su modo para la preservación del sistema capitalista; lo mismo sucede con llevar a un niño a ver una película que glorifica los “valores familiares”, el patriotismo, etc. La familia es la principal institución a través de la cual la ideología burguesa en sus distintas formas se transmite de una generación a la siguiente.
En El ABC del comunismo (1919), escrito por dos dirigentes bolcheviques, Nikolai Bujarin y Evguenii Preobrazhensky, se explica cómo la diminuta minoría de capitalistas no puede dominar a la clase obrera utilizando sólo la fuerza física y la coerción impuestas por la policía y el ejército. La preservación del sistema capitalista también requiere de la fuerza de las ideas:
“La burguesía comprende que no puede someter a la clase obrera con la sola fuerza bruta. Sabe que es necesario nublar también el cerebro... El estado capitalista educa especialistas para el acretinamiento y la doma del proletariado: maestros burgueses y profesores, curas y obispos, plumíferos y periodistas burgueses”.
Bujarin y Preobrazhensky señalaron tres instituciones fundamentales para mantener el dominio ideológico de la burguesía: el sistema educativo, la iglesia y la prensa (los medios masivos actualmente incluyen también al cine, la televisión y el Internet).
En los países capitalistas avanzados, en los que los niños son normalmente considerados propiedad de sus padres, la familia tiene relaciones distintas con cada una de esas instituciones. A partir de los cinco o seis años, los niños están legalmente obligados a asistir a la escuela (pública o privada) y los niños más chicos con frecuencia van a preescolar. Desde muy temprana edad, los niños ven televisión; algunos padres, más frecuentemente las madres, controlan lo que ven. A diferencia de los maestros y los productores de televisión, los clérigos no tienen un acceso tan automático a los niños pequeños: en EE.UU. y otros países, los padres deciden si sus hijos reciben adoctrinamiento religioso o no. Al menos al inicio, este adoctrinamiento les es impuesto a los niños en contra de sus deseos subjetivos. Probablemente no hay en el planeta un niño de cuatro o cinco años que prefiera asistir a servicios religiosos en vez de jugar con otros niños.
Tomemos el caso de un niño de diez años cuyos padres son católicos practicantes. Desde que tiene memoria lo han llevado a misa. Ha ido a una escuela católica en vez de ir a la escuela pública, o adicionalmente a ésta. En casa, ha escuchado rezos antes de cada comida y experimentado múltiples expresiones de fe religiosa en la vida doméstica cotidiana. Hay grandes probabilidades de que un niño como éste suscriba las creencias y doctrinas católicas al menos hasta una etapa posterior de su vida en la que se vea libre de la autoridad de sus padres.
Por otro lado, veamos ahora el caso de un niño de diez años cuyos padres no son religiosos. Su conocimiento de la religión está limitado a lo que ha aprendido en la escuela pública e información ocasional obtenida de programas de televisión, películas y discusiones con otros niños de mentalidad religiosa. Un niño así casi seguramente no será religioso. Pero no tener religión no inmuniza a un niño de otras formas probablemente “progresistas” de ideología burguesa. Un niño criado por padres que suscriben el “humanismo secular” muy probablemente se considerará políticamente liberal en EE.UU. o socialdemócrata en Europa, y probablemente demostrará elitismo intelectual. Así mismo, existe una corriente del libertarismo ateo (asociada con Ayn Rand) que glorifica el individualismo egoísta y el capitalismo de “libre mercado”. La religión no es la única forma de ideología burguesa reaccionaria.
La familia oprime a los niños al igual que a las mujeres, y deforma muchísimo la conciencia de los hombres también. Los feministas, liberales y “socialistas”, ignoran este hecho social fundamental, si no es que abiertamente lo niegan. Para éstos, reconocer que la opresión de los niños es intrínseca a la familia significaría (¡horror de horrores!) criticar el comportamiento socialmente condicionado de las mujeres en su papel de madres. Marxistas autoproclamados como Vogel y Smith, que promueven la tesis de que el trabajo doméstico es la base de la opresión de las mujeres, tratan implícitamente a las mujeres como si sólo hicieran bien a sus hijos.
Contra la represión sexual de los niños
Aunque la mayoría de los feministas condenarían el abuso físico de los niños, en los hechos permanecen indiferentes al abuso sicológico. Por tomar sólo un ejemplo, los hijos de padres fundamentalistas cristianos (católicos o protestantes) sufren la tortura mental de creer que irán al infierno si no se portan bien.
La represión sexual de los niños, que se extiende a la adolescencia, está bastante más extendida y causa daños sicológicos más graves. La sociedad capitalista está diseñada para penalizar la expresión de sexualidad de los niños desde el nacimiento. Incluso los padres más instruidos no pueden proteger a sus hijos de la ideología moralista y antisexo que permea la sociedad estadounidense —desde los pasillos decorados en azul y rosa en las jugueterías hasta la prohibición de desnudez en público y la demonización de la actividad sexual de los niños, incluida la masturbación—. Como principales cuidadoras de los bebés y los niños pequeños, las madres (más que los padres), inician el proceso de represión sexual, enseñándoles a los niños a sentirse avergonzados de sus cuerpos y a suprimir su curiosidad natural.
August Bebel, uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia alemana a finales del siglo XIX y principios del XX, parece un libertario sexual radical en comparación de los “feministas socialistas” de hoy en día. En La mujer y el socialismo, insistía:
“La satisfacción del instinto sexual es asunto personal de cada uno lo mismo que la satisfacción de cualquier otro instinto natural. Nadie tendrá que dar cuentas a otro ni se entremezclará nadie a quien no se le llame... El hecho de que desaparezca esa vergüenza tonta y ese ridículo secreto para hablar de las cosas sexuales, dará al trato entre los sexos una forma mucho más natural que hoy” [énfasis en el original].
Uno puede leer cientos de páginas escritas por los “feministas socialistas” modernos sin encontrar un solo argumento de que una sociedad socialista le permitirá a todo mundo satisfacer mejor sus deseos y necesidades sexuales.
El futuro comunista
Bajo el comunismo, la gente tendrá la genuina y auténtica libertad de construir y reconstruir sus relaciones interpersonales. Desde luego, esta libertad no es absoluta. La humanidad no puede trascender sus características biológicas y su relación con el entorno natural. El hombre y la mujer comunistas también envejecerán y morirán. Tampoco es posible borrar por completo el pasado y construir la sociedad desde cero. La humanidad comunista heredará, para bien y para mal, el legado cultural acumulado de nuestra especie. No podemos s aber qué prácticas sexuales existirán en la sociedad comunista porque serán determinadas en el futuro. Cualquier proyección, y más aún una prescripción, llevaría consigo las actitudes, los valores y los prejuicios formados en una sociedad de clases represiva.
Una diferencia fundamental entre los marxistas y los feministas, ya sean liberales o supuestamente socialistas, es que nuestro objetivo final no es la equidad entre los géneros como tal, sino el desarrollo progresista de la especie humana en su conjunto. La crianza comunal de los niños bajo condiciones de abundancia material y riqueza cultural producirá seres humanos cuyas capacidades mentales y bienestar sicológico serán vastamente superiores a las de la gente en esta sociedad empobrecida, opresiva y dividida en clases. En un discurso de 1932 acerca de la Revolución Rusa, “¿Qué fue la Revolución Rusa?”, León Trotsky dijo:
“Verdad es que la humanidad ha producido más de una vez gigantes del pensamiento y de la acción que sobrepasaban a sus contemporáneos como cumbres en una cadena de montañas. El género humano tiene derecho a estar orgulloso de sus Aristóteles, Shakespeare, Darwin, Beethoven, Goethe, Marx, Edison, Lenin. ¿Pero por qué estos hombres son tan escasos? Ante todo, porque han salido, casi sin excepción, de las clases elevadas y medias. Salvo raras excepciones, los destellos del genio quedan ahogados en las entrañas oprimidas del pueblo, antes que ellas puedan incluso brotar. Pero también porque el proceso de generación, de desarrollo y de educación del hombre permaneció y permanece siendo en su esencia obra del azar; no esclarecido por la teoría y la práctica; no sometido a la conciencia y a la voluntad...
“Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre trabajará sobre sí mismo en los morteros, con las herramientas del químico. Por primera vez, la humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como un producto semiacabado físico y psíquico. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. También es en este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una nueva especie más feliz”.
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2016.05.24 03:18 ShaunaDorothy Amenaza de represión masiva ante repudio a dudosa victoria electoral del PAN - Los ataques del PAN contra los obreros y oprimidos y la lucha por la revolución socialista ¡Romper con AMLO y el PRD burgués! ¡Forjar un partido obrero revolucionario internacionalista! (1 - 2) (Septiembre de 2006)

https://archive.is/yuzVP
Espartaco No. 26 Septiembre de 2006
3 DE SEPTIEMBRE—El 1º de septiembre, día del último informe de gobierno de Fox, el gobierno panista transformó gran parte de la Ciudad de México en una zona de excepción, movilizando a miles de militares y policías —incluyendo a los del gobierno perredista de la ciudad—, temeroso del descontento social y de clases que ha estremecido al país durante los últimos varios meses. Había policías sobre los puentes de las avenidas que llevan al Palacio Legislativo de San Lázaro y francotiradores en azoteas e incluso dentro del mismo Palacio; tanquetas con cañones de agua patrullaban las calles y todas las estaciones del Metro que llevan a San Lázaro fueron cerradas; el Palacio Legislativo estaba rodeado de vallas metálicas de más de dos metros de altura y resguardado por soldados con armas desenfundadas. El periódico perredista La Jornada informó el día anterior, con base en entrevistas con diversos funcionarios, que las autoridades federales estaban formando grupos de “disuasión” (unos mil 200 efectivos) entrenados por miembros de los Halcones (quienes perpetraron la masacre estudiantil de 1971) con el objetivo de desarticular grupos opositores al gobierno del PAN.
Después de que el PRD anunció que sus legisladores tratarían de impedir que Fox diera su discurso, el gobierno estaba listo para disparar contra cualquiera que se acercara a Fox. Sin embargo, cuando los congresistas del PRD ocuparon la tribuna de San Lázaro en protesta poco antes de que Fox hablara, éste prefirió evitar la confrontación directa. Al final, el presidente saliente entregó una copia escrita de su informe final, señalando la primera vez en la historia que a un presidente mexicano se le impide presentar en vivo su informe anual ante el Congreso.
El PAN está resuelto a imponer a su candidato, Felipe Calderón, a cualquier costo —arremetiendo tanto contra las masas de obreros y pobres que apoyan al PRD como contra sus propios oponentes burgueses—. La movilización masiva de las fuerzas armadas del estado el 1º de septiembre representa un peligro mortal para el movimiento obrero y la izquierda. Cualquier arremetida del gobierno contra el PRD burgués será usada para ir tras los sindicatos y la izquierda y representa un ataque contra los derechos democráticos de todos. A pesar de nuestras diferencias políticas, en el caso de una arremetida militar defendemos al PRD y a sus partidarios.
La sociedad mexicana está cada vez más polarizada, con la burguesía misma dividida y temerosa de que el descontento generalizado —hasta ahora eficientemente canalizado hacia el apoyo al PRD populista burgués— se transforme en una erupción social. Tras las elecciones presidenciales del 2 de julio ha habido inmensas manifestaciones en apoyo al perredista Andrés Manuel López Obrador (AMLO) —una de las cuales, el 30 de julio, movilizó a más de dos millones de personas en la Ciudad de México, en la que ha sido la manifestación política más grande en la historia del país— en protesta contra la dudosa victoria electoral de Felipe Calderón del derechista PAN (quien, según el Instituto Federal Electoral, ganó con apenas 0.58 por ciento de ventaja sobre AMLO) y exigiendo un recuento voto por voto de las boletas electorales.
Las masas explotadas y oprimidas de México han mostrado que quieren luchar, pero en la actualidad ven al PRD burgués y a AMLO como sus representantes. El PRD mismo está temeroso de perder el control del descontento. Ante el fracaso de sus inmensas marchas y el “megaplantón” que va desde el Zócalo hasta la Fuente de Petróleos (la mayor parte del mismo bloqueando Reforma, una de las avenidas más lujosas del país entero) para presionar a sus oponentes panistas, así como los cientos de impugnaciones al proceso electoral, ahora están tratando de descarrilar este descontento hacia una “Convención Nacional Democrática”, que formaría un “Gobierno de la República” alterno con AMLO a la cabeza. Como el PAN y el PRI, el PRD es un partido burgués, cuyas diferencias estriban sólo en la forma de administrar el capitalismo. Ninguno de ellos reta —y no podría ser de otra manera— la explotación capitalista misma. Para deshacerse de la rapacidad inherente a este sistema de explotación y opresión, es necesario que la clase obrera se organice independientemente de todas las alas de la burguesía y construya un partido obrero revolucionario. El objetivo de tal partido sería dirigir a la clase obrera y sus aliados a la toma del poder político mediante una revolución socialista, destruyendo el estado burgués —cuyo núcleo consiste en la policía, el ejército, los tribunales y las prisiones— y estableciendo un estado obrero, la dictadura de clase del proletariado. Tal estado estaría basado en la colectivización de los medios de producción, usándolos no ya para la producción de ganancias para un puñado de capitalistas, sino para la satisfacción de las necesidades de la población.
El siguiente artículo se basa en una plática dada por nuestro camarada Sacramento Talavera en el Museo Casa de León Trotsky el 25 de agosto.
Ante la coyuntura electoral, en Espartaco No. 25 (primavera de 2006) escribimos:
“Los marxistas del Grupo Espartaquista de México decimos: ¡ni un voto a los partidos burgueses! Ningún partido o candidato representa los intereses de los trabajadores. El PRD, el PRI y el PAN, así como los diminutos partidos con candidaturas propias, son todos partidos burgueses cuyo fin, independientemente de sus diferencias coyunturales, es la perpetuación del actual sistema de explotación, miseria, injusticia y desigualdad social.”
Nosotros, marxistas revolucionarios, defendemos a capa y espada los derechos democráticos de las masas, como el sufragio universal, desde una perspectiva de clase, ya que entendemos que en países de desarrollo capitalista atrasado, como México, las luchas democráticas de las masas son una fuerza motriz para la revolución socialista. Que hubo fraude no es un secreto para nadie, pero no sabemos quién ganó la elección. Ciertamente, no nos oponemos a un recuento voto por voto, pero no nos sumamos a la presente campaña perredista, cuyo objetivo es llevar a López Obrador al poder. Vivimos en una sociedad dividida en dos clases fundamentales, el proletariado y la burguesía, con intereses irreconciliables. Nuestro objetivo es la revolución socialista: el derrocamiento del orden burgués y la construcción del poder obrero, expropiando a los capitalistas y planificando la economía para sentar las bases para la erradicación de la pobreza y la opresión. La precondición elemental para el triunfo es la lucha por la independencia política del proletariado respecto a la burguesía y por la construcción de un partido revolucionario propio de la clase obrera.
En marzo y abril pasado estallaron paros mineros por todo el país, el más importante de ellos en la planta metalúrgica Sicartsa en el puerto de Lázaro Cárdenas, tras la tragedia de Pasta de Conchos (donde murieron 65 mineros por una explosión) y contra la destitución gubernamental de su dirigente y la imposición de un nuevo líder más al gusto de Fox y sus neocristeros —seguramente debido al hecho de que el sindicato minero, además de haber llevado a cabo muchas huelgas y paros laborales en los últimos cinco años, fue una de las pocas agrupaciones del CT que se opusieron a la antiobrera “Ley Abascal” para reformar la Ley Federal del Trabajo—. La PFP a las órdenes del PAN y la policía estatal michoacana al mando del perredista Lázaro Cárdenas Batel, nieto del general Cárdenas del Río, intentaron romper el paro en el puerto de Lázaro Cárdenas. Luchando heroicamente, los obreros lograron repeler el ataque y mantuvieron su huelga, al costo de dos obreros muertos, durante más de cuatro meses. Esta poderosa huelga, que ocasionó pérdidas inmensas a los patrones, fue la lucha obrera más importante en muchos años y muestra por qué los comunistas basamos nuestra estrategia en el proletariado industrial, que tiene la fuerza de detener la economía entera (ver artículo “¡Quienes trabajan deben gobernar!” en este mismo número, página 10). Finalmente fue levantada victoriosamente el 21 de agosto, cuando obligaron al patrón a concederles, además de aumento salarial, la totalidad de los salarios caídos, el retiro de todos los cargos contra todos los sindicalistas y el reconocimiento de Gómez Urrutia como su dirigente, entre otras cosas —¡los obreros de Sicartsa hicieron que los patrones se arrodillaran, y le pusieron un ojo morado al estado mismo!—. Amagaron también con radicalizar sus acciones si el gobierno federal no reconoce a Gómez Urrutia como líder del sindicato, otorgándole un plazo de quince días.
Unas seis semanas antes de las elecciones los maestros de la Sección 22 del SNTE en Oaxaca iniciaron una combativa huelga en demanda de rezonificación. También ellos resistieron un ataque policiaco el 14 de junio y lograron mantener la huelga y un plantón en el Zócalo de esa ciudad (ver volante del GEM, “¡Abajo la represión asesina contra la huelga de maestros de Oaxaca!”, 15 de junio de 2006). En agosto el gobierno del estado, con el asesino priista Ulises Ruiz a la cabeza, ha escalado brutalmente su campaña de terror, asesinando a dos luchadores sociales que apoyaban a los maestros y arrestando y/o secuestrando y torturando a varios más. Los cuerpos de seguridad de los propios maestros y sus aliados organizados en la llamada Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO), que han bautizado bromistamente como el Honorable Cuerpo de Topiles y la Policía Magisterial de Oaxaca (POMO), lograron desarticular varios ataques e infiltraciones policiacas, así como aprehender a varios de los perpetradores de los ataques asesinos. Los campesinos de Atenco también se batieron en lucha campal contra la policía el 4 de mayo pasado, aunque finalmente los cuerpos policiacos lograron tomar el pueblo, golpeando salvajemente a los campesinos y violando al menos a siete mujeres. Como resultado del ataque policiaco del día anterior, resultaron muertos el joven de apenas 14 años de edad Javier Cortés Santiago y, tras más de un mes en coma, Alexis Benhumea, estudiante de economía, de lengua rusa y de danza. El miércoles 16 de agosto unos 5 mil trabajadores del Sector Salud iniciaron un paro indefinido exigiendo también demandas salariales y en apoyo a los maestros. El viernes 18 se llevó a cabo en Oaxaca un “paro cívico” de 24 horas en el que participaron unos 80 mil sindicalizados. Los maestros de Oaxaca llamaron por un voto de castigo contra el PRI y el PAN. Su principal demanda hoy es la destitución de Ulises Ruiz y la “desaparición de poderes” en el estado (que esencialmente significa que el Senado de la República designaría un gobernador interino hasta que se elija uno nuevo). Por supuesto, este verdugo priista debería ser echado. Lo importante es entender que gobierne quien gobierne, el capitalismo es un sistema basado en la explotación del trabajo y la represión sistemática de los obreros y los oprimidos por parte del estado burgués —la policía, el ejército, las cárceles y los tribunales—, en esencia destacamentos especiales de hombres armados para defender los intereses de los capitalistas. El estado burgués no puede ser reformado; es necesario destruirlo mediante la revolución socialista y remplazarlo conun estado obrero.
Estos convulsivos estallidos de lucha, ideológicamente dominados por el PRD, muestran el hastío generalizado y contenido por mucho tiempo entre los obreros y los pobres tras dos décadas de privatizaciones y despidos masivos, desempleo masivo y crónico, devastación del campo que ha conducido a la emigración en masa, ataques antisindicales constantes, una creciente carestía de la vida a la par con la disminución cualitativa de los salarios, etc.
Hartas de la camarilla foxista y sus políticas hambreadoras, grandes masas de obreros y de la población pobre en general apoyan al PRD, esperando que los represente desde las alturas del poder estatal. Pero el PRD es un partido patronal. Sus diferencias con el PAN estriban en cómo administrar mejor el sistema de explotación capitalista. El objetivo de este partido es encauzar el descontento al marco estéril de las boletas electorales. Las inmensas manifestaciones en apoyo a AMLO sirven al PRD para presionar a sus oponentes burgueses y a manera de válvulas de escape para mantener bajo su control el descontento obrero.
El PAN es ciertamente el representante del ala burguesa más reaccionaria, la arrogante elite más abiertamente antiobrera que hace recordar a Limantour y sus “científicos” porfiristas. Estos cristeros neoliberales en verdad parecen creer que López Obrador es alguna especie de comunista (igual que los imperialistas respecto al populista Hugo Chávez). Antes de las elecciones, sectores de la clase media pretenciosa entraron en pánico y hablaban de empacar todo para irse a Miami porque supuestamente López Obrador planeaba expropiar sus casas en Polanco para dárselas a la gente pobre sin vivienda. Aunque encuentro esta idea muy atractiva, les aseguro que no será López Obrador quien la lleve a cabo.
No a pesar, sino precisamente por su ideología oscurantista, el PAN tiene apoyo masivo entre diversos sectores de la población, especialmente en el norte y occidente del país. En ciudades como Monterrey y Guadalajara, sectores enormes de la pequeña burguesía y, de hecho, las capas más atrasadas de la clase obrera, se identifican con este partido, igual que campesinos en el Bajío y los Altos de Jalisco, cuna de la Cristiada, por mencionar algunos casos. Esto no debería sorprender a nadie en un país abrumadoramente católico. Aunque sectores del PRD tratan de posar como “amigos” de los oprimidos, sin duda la mayoría de quienes apoyan al PRD se identifican también, en mayor o menor grado, con algunos de los valores católicos reaccionarios impulsados prominentemente por el PAN. Lo que atrae a grandes masas de obreros y pobres al PRD, y a AMLO en particular, es sobre todo su política de mayor injerencia estatal en la economía y su retórica nacionalista, a diferencia del “libre mercado” y abierto servilismo a los imperialistas por parte del PAN y sectores del PRI.
Vivimos en un periodo histórico condicionado por la destrucción contrarrevolucionaria de la URSS. La Unión Soviética fue el producto de la primera, y hasta hoy única, revolución proletaria exitosa. A pesar de su degeneración burocrática estalinista, la URSS seguía encarnando las conquistas de la Revolución de Octubre. El regreso del capitalismo en la contrarrevolución de 1991-92 significó una derrota histórico-mundial para la clase obrera. La contrarrevolución eliminó el poderoso contrapeso que la URSS representaba a la rapacidad imperialista al nivel global y condujo a un retroceso enorme en la conciencia del proletariado. Así, la masa de obreros y jóvenes radicalizados que toman parte en luchas defensivas no se identifica ya con los ideales del comunismo.
Las masas latinoamericanas explotadas y oprimidas no ven hoy otra salida que el populismo burgués. En algunos países, como Argentina y Bolivia (ver artículo “Bolivia: Trotskismo vs. nacionalismo burgués” en página 24), el descontento ha conducido a protestas multitudinarias que obligaron varios cambios de gobierno, pero no han presentado un reto al dominio capitalista. En México, el descontento se ha volcado masivamente al apoyo al programa populista del PRD burgués y/o, en menor escala, a su versión pequeñoburguesa “radical” representada por el EZLN. Es significativo, por ejemplo, que el EZ haya surgido como un movimiento campesino “posmoderno”, es decir, en rechazo explícito del socialismo. Para adormecer a la clase obrera, Lázaro Cárdenas necesitó hacer referencias vacuas al “socialismo”, presentar “planes sexenales” como si la economía mexicana hubiera estado planificada, introducir una falsa “administración obrera” en los ferrocarriles y el sector petrolero, etc. Hoy, el PRD no necesita más que “democracia ya, patria para todos”. El populismo es una trampa mortal para la clase obrera. El resultado de la subordinación de los sindicatos a Lázaro Cárdenas fue 60 años de priato y de control gangsteril sobre los sindicatos, ruptura salvaje de huelgas, represión asesina contra sindicalistas, estudiantes y luchadores sociales de todo género.
La historia de los países del Tercer Mundo a partir del siglo XX oscila entre regímenes derechistas (a menudo dictaduras policiacas) que impulsan políticas económicas hambreadoras en beneficio total de los imperialistas, y regímenes “populistas” que introducen ciertas reformas democráticas mínimas y otorgan magras concesiones a los obreros. Este fenómeno fue analizado, para el caso de México en particular, por el revolucionario ruso León Trotsky en su artículo “La administración obrera en la industria nacionalizada” (escrito en 1938) donde señaló:
“En los países industrialmente atrasados, el capital extranjero juega un rol decisivo. De aquí la debilidad relativa de la burguesía ‘nacional’ respecto del proletariado ‘nacional’. Esto da origen a condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el doméstico, entre la débil burguesía nacional y el proletariado relativamente poderoso. Esto confiere al gobierno un carácter bonapartista ‘sui generis’, un carácter distintivo. Se eleva, por así decir, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar ya convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y aherrojando al proletariado con las cadenas de una dictadura policial o bien maniobrando con el proletariado y hasta llegando a hacerle concesiones, obteniendo así la posibilidad de cierta independencia respecto de los capitalistas extranjeros. La política actual [cardenista] está en la segunda etapa; sus más grandes conquistas son las expropiaciones de los ferrocarriles y de las industrias petroleras.”
Así, el PRD es lo que llamamos un partido nacional-populista burgués, similar al PRM de Cárdenas, antecesor del PRI. De hecho, el objetivo del PRD no es sino regresar a los “años dorados” del PRI, aunque, enfrentando una situación internacional mucho más desventajosa (sobre todo la contrarrevolución en la URSS), es obvio que su política es aun más mezquina que la de su antecesor hace más de 60 años.
Las mínimas concesiones del PRD a los obreros y los pobres, así como sus críticas al servilismo de Fox ante los imperialistas, en el contexto de la miseria generalizada, son fuente de grandes ilusiones entre los obreros. Pero el PRD no puede ni quiere cumplir sus promesas. No puede ni quiere romper con los imperialistas. Este partido ni siquiera se opone al TLC, ese tratado de rapiña imperialista contra México, sino que sólo quiere “renegociarlo”. Aunque habla de oponerse a la privatización del sector energético, AMLO ha declarado, con un lenguaje intencionalmente confuso, que no se opone a la participación del capital privado nacional en dicho sector. No es coincidencia que Carlos Slim, el tercer hombre más rico del mundo, haya hecho público su apoyo al PRD. La participación del PRD en continuos ataques antisindicales en el D.F. —especialmente contra el SUTGDF y el sindicato del Metro—, en la ruptura policiaca de la huelga de la UNAM en 1999, en la represión asesina en Lázaro Cárdenas y en Atenco, en los asesinatos de activistas zapatistas que el mismo EZLN ha documentado, etc., no son hechos aislados: son un reflejo de su naturaleza burguesa y, por ello, inherentemente antiobrera. Como escribimos en un volante de abril de 2005 oponiéndonos al desafuero de AMLO sin darle un ápice de apoyo político, en caso de que llegara a la presidencia “el mismo apoyo que López Obrador tiene entre el movimiento obrero lo pondrá en una mejor situación para llevar adelante las privatizaciones de los sectores eléctrico y petrolero que el ineficaz Fox no ha podido imponer”. Aun sus magras concesiones existentes, como los subsidios a los ancianos y las madres solteras, serán revertidas el día de mañana, cuando los populistas burgueses juzguen prudente ampliar su “austeridad republicana”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/26/pan.html
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2016.04.10 11:52 EDUARDOMOLINA DAESH, Estado Islámico, ISIS… La hidra de las mil cabezas.El nacimiento del Daesh tuvo el apoyo tácito de políticos occidentales. La foto del senador republicano John McCain estrechando la mano del califa Ibrahim, líder del Estado Islámico, no deja ninguna duda. -

http://www.elviejotopo.com/topoexpress/daesh-estado-islamico-isis-la-hidra-de-las-mil-cabezas/
"Dicen que es el enemigo número uno de Occidente. Francia y Bélgica entre otros afirman que están en guerra contra el ISIS (Daesh).
Tras los atentados de París, hace unos meses, el presidente francés François Hollande declaró enfáticamente: “Sabemos quiénes son”. Por supuesto: Francia, Inglaterra o los Estados Unidos conocen perfectamente su ideario, su forma de proceder y la identidad de los jefes más importantes. Son viejos conocidos, planifican algunas de sus acciones y hacen negocios juntos. Los gobiernos occidentales han generado una imagen falsa a través de una “pirueta lingüística” al hablar de “Rebeldes moderados” y “Rebeldes malos”.
Los medios de propaganda occidental los cobijan bajo el apelativo de “rebeldes” frente al gobierno sirio, denostado con el apelativo de “régimen”. Esta agenda de la confusión ha permitido al presidente francés, François Hollande, y a su ex ministro de Exteriores, Laurent Fabius, afirmar que “sólo el ejército islámico” debería ser golpeado; con ello excluían de los ataques al Frente Al-Nusra y otros grupos terroristas que han asesinado a miles de ciudadanos sirios.
Al-Qaeda, el Daesh y el Frente Al-Nusra ¿Cómo diferenciar a los distintos grupos terroristas? La multiplicidad es enorme: ISIS, Al-Qaeda en el Magreb Islámico, Hizb ur-Thir (HUT), el Grupo Combatiente Islámico Libio (GCIL), Ansar Al-Sharia, el grupo Escudo de Libia, la Brigada 17 de Febrero, el Ejército Sirio Libre (ELS)…. En muchos casos son franquicias de otros grupos terroristas más importantes como Al-Nusra o el Daesh. Incluso estas organizaciones mayores están relacionadas con otras; así el actual Estado Islámico o ISIS (Daesh por sus siglas en árabe) no es sino una escisión de Al-Qaeda.
Esta gran organización terrorista está presente en Siria e Irak. Ha seguido financiándose básicamente con donaciones. La monarquía teocrática de Arabia Saudita ha sido el país más generoso. En las dos últimas décadas, ha gastado como mínimo ochenta y siete mil millones de dólares en promover su retrógrada visión del Islam.
La implicación del gobierno saudí en acciones terroristas ha llegado al extremo de que el hijo del ex embajador de Arabia Saudí en Uzbekistán, Tariq Hassani, será condenado a largas penas de prisión después de confesar su implicación en la preparación de atentados en Londres.
Para completar el panorama la utilización de terminología anglosajona usada para definir a las diferentes organizaciones suele complicar aún más las cosas; así el Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL) o Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS) son conocidos los dos en la terminología inglesa por IS (Estado Islámico), en castellano suelen coexistir las anteriores siglas con las del DAESH.
Los grupos terroristas suelen preferir la expresión Estado Islámico, porque hace referencia a una unidad territorial; para los medios occidentales se utiliza más el DAESH. La confusión en la que ha vivido la administración Obama, con posturas enfrentadas en el interior del gobierno, le empujó a potenciar a otros grupos, como el DAESH, en lugar de Al-Qaeda, que había perdido brillo como fuente de reclutamiento. Las nuevas organizaciones, con un dominio superior de las redes sociales y el marketing publicitario son mucho más atractivas.
Este proceso no se improvisó, sino que requirió un período importante de maduración. El 10 de julio de 2009 se produjo la escisión de un grupo de Al-Qaeda que conduciría al nacimiento del Daesh. Su nacimiento oficial se produce en 2011.
Tanto el Daesh como el Frente Al-Nusra son las piezas clave de la actual situación en Siria e Irak. Herederos de otros grupos anteriores, como los Hermanos Musulmanes, aprovecharon las movilizaciones populares de las “primaveras árabes” para financiarse, organizarse y saltar a la luz pública. Muchos de estos grupos terroristas fueron creados antes del inicio de la crisis siria.
A finales de la década de los 80 un líder salafista, Abu Musab al-Zarqaui, antiguo delincuente y contrabandista de drogas y ahora reconvertido al salafismo más radical, viaja a Afganistán para entrenarse con Osama ben Laden. Su intención declarada es crear un Califato en Jordania. Su rastro en forma de atentados con bomba se extiende desde Marruecos a Turquía.
El conflicto en Irak es el caldo de cultivo ideal para incendiar el país y fraccionarlo. El personaje muere, los objetivos se mantienen. Le sucede Ayyub al-Masri, y a la muerte de éste en 2010 será Abu Bakr al-Bagdabi quien tome las riendas. La organización es finalmente expulsada de la red de Al-Qaeda en 2013.
Un año antes, el 2 de enero de 2012, se había creado el Frente Al-Nusra. En 2015 ya controlaban grandes territorios en Siria e Irak. El Daesh: su nacimiento, su financiación, su desarrollo El nacimiento del Daesh tuvo el apoyo tácito de políticos y estrategas occidentales. La fotografía del senador republicano John McCain estrechando la mano del califa Ibrahim, máximo líder del Estado Islámico en aquel momento, no deja ninguna duda. McCain junto a varios líderes del Estado Islámico, entre ellos Mohamad Nur (rostro circulado), también conocido como Ibrahim al Badri, Abu Dua, Abu Bakr al Bagdadi, y más recientemente Califa Ibrahim del Estado Islámico.
Su objetivo último es reinstaurar el modelo de los antiguos califatos medievales bajo la directriz del salafismo yihadista. Pretenden gobernar sobre todos los musulmanes. Los que profesen otras creencias son acusados de herejía y exterminados. Esto se aplica no sólo a musulmanes chiíes, sino a todos los seguidores de otras creencias.
Esta fantasmagórica organización controla, como hemos indicado, gran parte del territorio sirio e iraquí. Se ha convertido en el noveno productor del mundo de petróleo. Es una de sus grandes fuentes de financiación. Otra son los ingresos procedentes del narcotráfico.
Los enormes beneficios producidos por la explotación de pozos petrolíferos ha convertido a este grupo en uno de los mayores compradores de armas de la coalición que dice bombardearlos.
Los gobiernos occidentales aseguran su financiación al permitir este tráfico ilícito, mientras que paralelamente sus fábricas de armamento realizan pingües negocios vendiendo armas a los grupos terroristas. Otras fuentes de ingresos han sido el robo a bancos: la conquista de Mosul y Nínive en Irak les supuso un botín de 430 millones de dólares.
Posteriormente, la toma de Tikrit y Faluya aseguró la expropiación forzosa de 62 bancos privados y estatales. Otras líneas de recaudación son la venta de objetos arqueológicos y el tráfico de esclavos, en especial mujeres y niños.
El Daesh tuvo desde el inicio una vía fija de financiación que podríamos definir como tradicional: las donaciones privadas, especialmente las de Arabia Saudita, Qatar o Kuwait.
Sin embargo, hubo desde el inicio otros benefactores poderosos: según el presidente ruso, Vladimir Putin, una cuarentena de Estados financian al grupo terrorista, “entre ellos varios países del G-20”.
Actualmente la fuente principal de financiación del Daesh es el contrabando de crudo proveniente de los campos petrolíferos que han podido ocupar en Siria e Irak. Con arreglo a datos anteriores al inicio del conflicto, la organización terrorista podría estar produciendo entre 1,5 y 2 millones de barriles diarios, ocupando, como hemos indicado, el noveno puesto en la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP).
Según datos de la inteligencia estadounidense este tráfico ilegal generaría unos beneficios de 40 millones de dólares mensuales (480 millones al año). Los ataques de la coalición encabezada por Estados Unidos no han influido significativamente en la reducción de la producción, puesto que no han afectado a la infraestructura petrolera del Daesh, algo inexplicable puesto que esas instalaciones no son pequeños objetivos de difícil localización. Su situación es bien conocida por los mandos militares.
En octubre de 2015 el Financial Times, al analizar el método de venta del sistema organizado por el Estado Islámico, llegó a la conclusión de que no era nada diferente al funcionamiento de una gran compañía estatal.
Es, sin duda, el grupo terrorista mejor financiado del mundo. Según la revista Forbes sus ingresos anuales superan los 2.000 millones de dólares, otros expertos hablan de 3.000. ¿Cómo es posible vender en el mercado internacional decenas de miles de barriles de petróleo diarios sin contar con el beneplácito de Occidente, los grandes consumidores? ¿Cómo es posible que la coalición liderada por Washington haya sido incapaz, en dos años, de detener este tráfico ilegal hacia puertos turcos, cuando la aviación rusa lo ha conseguido en pocas semanas? El imposible sueño del Califato. La razón es simple: el portavoz del Departamento de Estado de EEUU Mark Toner manifestó en rueda de prensa (24 de marzo) que aunque buscaban derrotar al Daesh “no daba la bienvenida” a los esfuerzos del ejército sirio para reconquistar Palmira (la ciudad Patrimonio Mundial de la Humanidad, había caído en manos del Daesh en mayo del 2015).
Al mismo tiempo el diario francés Le Monde, en un trabajo de investigación que ha durado semanas, ha conseguido documentos que demuestran el conocimiento de la Inteligencia norteamericana del crecimiento del Ejército Islámico en Siria; pudo impedirlo en su momento pero no lo hizo. El diario francés va aún más lejos y apunta a una “relación oculta” entre la Inteligencia estadounidense y el Daesh.
La oposición siria, según el reportaje, informaba regularmente a EEUU de forma muy detallada. Los datos incluían movimientos de tropas, mapas, coordenadas, número de teléfonos móviles de los dirigentes, localización de arsenales, campos de entrenamiento, cuarteles y estados mayores, todo ello antes y después de la fecha oficial de inicio de la guerra aérea contra el grupo terrorista en 2014.
Las tropas del Daesh que ocuparon Palmira en mayo del 2015 marcharon en largos convoyes de kms de longitud a plena luz del día. A pesar de la información de la oposición siria EEUU no atacó estas columnas, como no lo hizo con los camiones cargados."
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